febrero 14, 2018

Aquaserge – Laisse ça être (2017)

por Álvaro Mortem

A veces es peor cumplir las expectativas que defraudarlas. Cuando un artista no sorprende, cuando hace de la forma más eficiente posible lo que cabría esperar de él, no es extraño que nos inunde una profunda sensación de insatisfacción: creíamos querer más de lo mismo, pero en realidad queríamos otra cosa. Que acometiera un riesgo inaceptable. Que el artista nos conozca mejor que nosotros mismos.

Aquaserge no rompen esquemas con Laisse ça être. Entre el jazz, el krautrock y unas muy discretas pinceladas de música italiana de los 80’s, tanto por lo pop como por lo progresivo, no hay nada en el disco que nos sacuda con sorpresa. Todo es consistente. Funciona. De hecho, sus mejores momentos son o bien cuando parecen un spin-off algo menos loco de Jagga Jazzist en Tintin on est bien mon loulou o cuando se antojan unos Goblin seductoramente afrancesados en Les yeux fermés. Algo que provoca que el disco se encuentre siempre entre el acierto notable, que los tiene de forma casi constante, y ciertos rasgos de agotamiento, pues es un disco que sería igual de (poco) sorprendente si se hubiera publicado en el 2010, en el 2017 o en los 00’s.

En suma, suena como debe sonar un disco de Aquaserge. Con pinceladas retro, básicamente jazz, siempre rozando el terreno del progresivo, pero sin volverse experimental. Standard. Correcto. Aquello que cabe esperar de un grupo de buenos músicos divirtiéndose.

Nada más. ¿Nada menos? Eso es lo que no está tan claro.

Quien espere encontrar un gran disco, algo revolucionario o que cambie el paradigma musical, se ha equivocado de grupo. Y seguramente, de continente. Pero quien quiera un buen disco, de esos que convierten una biblioteca musical en algo sólido y confiable, está de suerte: Aquaserge lo han vuelto a hacer. Siguen siendo constantes. Siguen siendo sólidos. Y eso, en muchos sentidos, ya es suficiente.

febrero 11, 2018

Taxidermias Concretas Vol.37

por Xabier Cortés

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febrero 9, 2018

Atrium Carceri & Herbst9 – Ur Djupan Dal (2018)

por Xabier Cortés

Que Atrium Carceri es uno de los puntales y referencias en la cosa dark ambient es algo que hemos defendido (y seguiremos haciéndolo) en esta santa casa en numerosas ocasiones (aquí, aquí y aquí, por ejemplo). Su dark ambient a camino entre el drone espeso y un claustrofóbico cósmico —en lo conceptual y sonoro— ha convertido al proyecto de Simon Heath en una referencia absoluta desde aquel ya lejano (y maravilloso) Cellblock de 2003. En esta ocasión, Atrium Carceri junta sus fuerzas con otro de esos proyectos que se ha convertido por derecho propio en parte importante de esos cimientos que conforman el complejo entramado del género: Herbst9. Dos proyectos unidos para la ocasión en un álbum que aúna esas dos corrientes —no tan diferenciadas, pero corrientes al fin y al cabo— de los dos protagonistas. Ur Djupan Dal es el resultado de dos sensibilidades frente al ambient y, como no, ese fruto es una obra completa que explora en esta ocasión el misticismo oriental a través del dark ambient. Sigue leyendo

febrero 6, 2018

BiSH – Brand-new idol SHiT (2015)

por Álvaro Mortem

En un tiempo donde OT ha renacido para toda una nueva generación resulta evidente que la música industrial sigue teniendo tirón. Lo cual es normal. Por su factor emocional, es más fácil para las personas conectar con la música que con cualquier otra forma artística. Si además sumamos que, de todas las artes, la más fácil de explotar es la música, ya que es la que más impacto inmediato y menos costes de producción tiene, es lógico que haya un auge periódico de música de mierda auspiciada por discográficas haciendo tratos con toda clase de productoras. Pero no por eso resulta menos absurdo girarle la cara a la música industrial. No cuando, a fin de cuentas, la música es música e incluso en las cloacas es posible encontrar algo de provecho.

BiSH son un grupo de idols. Para lo bueno y para lo malo. Lo cual significa que tienen un estilo definido y se valora a sus miembros más por sus dotes para encandilar al público que por sus cualidades musicales. Su único rasgo distintivo es haber nacido de las cenizas de BiS, el grupo anti-idol que era igual que cualquier otro grupo de idols, pero fagocitando ciertos elementos del hardcore y el metal con gracia desigual.

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febrero 3, 2018

Taxidermias Concretas Vol.36

por Xabier Cortés

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febrero 1, 2018

sleepy.ab – palette (2006)

por Álvaro Mortem

En ocasiones puede parecer que el post-rock empieza y acaba con Mogwai. Y si bien los de Glasgow son notables, pieza primordial de la (re)invención del género, eso no significa que todo pueda ser juzgado, exclusivamente, desde las coordenadas que impusieron en su momento. No cuando ni siquiera ellos han acabado por encajar en ellas.

sleepy.ab son post-rock, pero no tienen ninguna herencia con Mogwai. En algún lugar entre una versión más contenida de Godspeed You! Black Emperor, claras influencias del shoegaze, el dream pop y no pocos arreglos próximos al jazz y la electrónica, su música sólo puede ser denominada de un modo: post-rock.

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enero 27, 2018

Taxidermias Concretas Vol.35

por Xabier Cortés

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enero 25, 2018

illion – P.Y.L. (2016)

por Álvaro Mortem

Inglaterra está tan fascinada con la idea de sí misma, de lo cool que es y cómo debe mantenerse ajena a toda influencia externa para seguir siéndolo, que ha dejado de tener personalidad. No por nada, su último gran movimiento musical fue el britpop, un grupo de niños blancos de buena familia haciendo pop prefabricado sin personalidad ni alma. Es por eso que no resulta extraño que actualmente, para encontrar los herederos de los músicos de rock ingleses haya que mirar al exterior. Específicamente, hacia Japón.

Yojiro Noda, actor, músico, cantante y guitarrista de RADWIMPS y celebridad japonesa se embarcó en 2013 en un proyecto en solitario, llamado illion, con el cual hacer música más personal y poder dar el salto hacia occidente. Algo que ha conseguido, al menos, en lo que al sonido respecta.

A medio camino entre el indie rock y el post-hardcore, con claras influencias de Radiohead y un sonido más definidamente occidental, de P.Y.L. sorprende especialmente su capacidad para mantenerse dentro de cierta coherencia estilística. Si bien la homónima P.Y.L. tiene un deje más Radiohead, BANKA abraza postulados cercanos al breakbeat y en Dream Play Sick juega con los instrumentos de cuerda y las texturas electrónicas como una especie de Cornelius millennial, es difícil decir que existe alguna discontinuidad entre ellas, en tanto Noda consigue que guarden cierta coherencia interna. ¿Cómo? Haciendo que compartan un tono entre melancólico y onírico, cierta preferencia por los arreglos orquestales y electrónicos además de un regusto general a lo que muchos querrían considerar una herencia puramente britpop.

Ahí reside la trampa. Noda no es britpop ni lo pretende, pero hace lo que los artistas de aquello nunca fueron capaces de hacer: asumir tendencias diversas de su entorno.

Si P.Y.L. nos recuerda a algo es a la escena musical inglesa de los 70’s y los 80’s. Cuando en la música era posible tener influencias de la música japonesa, jamaicana y española, ir de ida y vuelta hasta Bélgica para saquear la coldwave o inspirarse en lo que fuera que ocurriera en Alemania para dar otra vuelta de tuerca. Ese es el espíritu que puede encontrarse en Noda. La absoluta curiosidad de no cerrarse en el compartimento estanco de un género, haciendo que cada canción sea, por sí misma, la metódica exploración de un proceso compositivo.

Ahí reside el encanto del disco. En que no se agota. En que tampoco hace falta escucharlo treinta veces para enamorarse de él. Si lo escuchamos una vez, tendremos un disco pop, bien elaborado, pero de apariencia simple. Si lo escuchamos dos, ya veremos algunos detalles, tal vez nos enamoremos de canciones particulares, pero no irá más allá. Pero si lo que escuchamos treinta, cuarenta o cincuenta veces, cada vez que volvamos a él seguiremos descubriendo detalles que nos han podido pasar desapercibido. Influencias, dejes, destellos. Esas pequeñas cosas que diferencian a los buenos discos de los discos excepcionales.

Discos excepcionales como lo es P.Y.L.

Noda tal vez no sea británico, de hecho, su herencia japonesa no podría ser más evidente —illion está más cerca de TK from 凛として時雨, The Novembers o domico que de Oasis—, pero eso no quita para que sea capaz de recuperar el espíritu de esa Inglaterra indómita y abierta a todas las influencias externas que pudiera asimilar. Esa misma Inglaterra que, hoy, se ha convertido en un agujero auto-celebratorio de su singularidad, como si esta no procediera, precisamente, de ese mismo aperturismo que hoy condenan y persiguen con ahinco.

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enero 19, 2018

Watain – Trident Wolf Eclipse (2018)

por Xabier Cortés

No es la primera vez que defendemos en esta santa casa la importancia de esas bandas —dentro del metal extremo pero extensible a otros géneros musicales poco accesibles para los oídos no muy entrenados— que si bien se mantienen dentro del canon extremo, su sonido resulta más amable de digerir para aquellas personas ajenas a los movimientos más alejados del mainstream dentro de la escena metálica. Lo que a finales de los noventa-principios de los dos mil representaban bandas como Dimmu Borgir o Cradle Of Filth —ya se pueden escuchar los espumarajos saliendo de la boca del sector ultratrvue—, hoy en día se puede decir que Watain continua esa senda, junto con los omnipresentes Behemoth, incluso Septic Flesh o, en un escalón más bajo en lo que a extremismo sonoro se refiere, Arch Enemy. Trident Wolf Eclipse —suponemos que el título del disco es un claro guiño a su público objetivo— toca todas las teclas y clichés en lo que a black metal que parece ser la estrategia de estos suecos para sacar su cabecita del underground y copar portadas de revistas metaleras europeas. Sigue leyendo