Nothing’s Carved In Stone – Isolation (2009)

por Álvaro Mortem

Si existe una carta de presentación válida por igual para un músico como para un crítico es hacer que su primera obra sea un colmado de virtudes que van más allá de lo que cualquier persona pueda reconocer que es posible. Un estilo propio, depurado ad naseuam y con un ritmo bien ajustado, es un hecho imprescindible pero sólo en la misma medida que el repertorio a interpretar -el creado ex profeso por parte del músico, el elegido para escribir para el crítico- lo es; la técnica perfectamente aplicada no es nada sí la música a presentar no pasa de ser el enésimo clon sin interés real para nadie que no sea un fanático. Es por eso que un grupo como los japoneses Nothing’s Carved In Stone, nacido de las cenizas de dos grandes como Ellegarden y The Hiatus, lo tenía todo de cara para triunfar de una manera tan descomunal como, de hecho, lo ha hecho: es imposible recordar próximo un debut que ni se acerque en potencia a la genialidad de su primer single, lsolation.

Todo comienza y una catarata de guitarras tormentosas que se elevan sin parar se sostienen bajo la cúpula perpetrada por un bajo de tintes funk ante el cual sólo puede competir en contundencia una batería que cuando creemos saber que está tocando ya ha cambiado tres veces de ritmo; bienvenidos al auténtico espacio de la música. El desarrollo se escapa de cualquier concepción, manual o comparación, podemos encontrar referencias constantes tanto al emo hardcore de Ellegarden o Jimmy Eat World como esa hibridación hacia el pop tan japonesa que encontramos en el indie violentado de 9mm Parabellum Bullet. Quizás como consecuencia de lo anterior acaba por acontecer en que, en la canción, se da un virtuosismo totalmente alucinado que nos conduce hacia unos derroteros de dificultad técnica totalmente obsceno que, sin embargo, suenan pop; la capacidad virtuosa de Nothing’s Carved In Stone consigue que algo técnicamente complejísimo, duro y árido suene accesible incluso para el oyente ocasional más endeble. Por ello la escucha del grupo permite esos dos niveles que a los que todo grupo aspira pero muy pocos aspiran: que sea disfrutable por la masa de oyentes con incapacidad crítica pero más apreciable aun por los auténticos connoisseurs de la música.

Este tecnicismo constante, que no deja de recordarnos al excelente trabajo de otros japoneses como mudy on the 昨晩, se ve representado también a la perfección en la ejecución que hacen del mismo en el videoclip. Los miembros del grupo se ven ocultos siempre ante la mirada de la cámara apareciendo sólo fugazmente, distorsionados o en un segundo plano; el interés de la mirada del espectador debe estar constantemente dirigida hacia los instrumentos y su manipulación. Y este juego de cámaras será llevado hasta sus últimas consecuencias. En las partes de la canción donde predomine la calma podremos recrearnos en ver como Ubukata casi susurra al micrófono o como tamborilean celéricos los dedos de Hinata sobre las duras cuerdas de su bajo. Sin embargo, cuando estalla el auténtico espíritu del grupo todo se difumina para convertirse en un constante nonsense donde los motivos instrumentales se van concatenando con rapidez para que veamos a la vez que sentimos; los cambios sensitivos se producen, en el videoclip, desde un nivel doble: el sonoro y el visual.

El interés radical que generan en Japón es, por tanto, completamente justificado. Ya sea desde una perspectiva de un interesado en la música ligera o la de un apasionado melómano del virtuosismo bien entendido Nothing’s Carved In Stone es el sueño húmedo de cualquier persona que disfrute realmente escuchando música, no sólo oyéndola. Pero también es una auténtica delicia para el crítico, el que puede recrearse en la descripción de sus cabriolas musicales que nunca abandonan ese estilo ligero, siempre dulce y cercano, como de hecho debe ser una prosa bien cultivada; la distancia que hay entre el grupo y quienes lo escuchan tiende a cero en Nothing’s Carved In Stone porque, de hecho, pretenden conseguir lo mismo. Tocar, escuchar o escribir (sobre) la música de estos japoneses acaba siempre, casi necesariamente, en el mismo punto: la absoluta necesidad de disfrutar con una música que nos arropa con el auténtico triunfalismo de quien ha entendido que esto es Música. Y sí, sólo por esta vez, con mayúsculas.

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