VHS / BETA

por Mario Cotos Franck

El tránsito de Steve Jobs puso de manifiesto la importancia que tiene la estética en nuestra carrera hacia ese mundo informatizado y funcional que en 1984 soñábamos bajo la influencia del cine y los primeros videojuegos: autopistas aéreas, omnipresencia de ordenadores, servicios automatizados… y hombreras. Esa obsesión por estilizar la presentación pasó por la música; las producciones fueron sofisticándose, las impurezas cribándose, lo orgánico tamizándose. En los años 90 todavía resistía rebelde el feedback, las grabaciones caseras se abarataron -con la consiguiente democratización- y el lo-fi fue certificado como género (en realidad, una estética coyuntural). Al fin y al cabo, un breve impasse. No se tardaría en retomar la carrera, aunque volviendo la vista hacia atrás, recuperando los modos y abstracciones originales, como si la cultura del éxtasis y la realidad virtual de gráficos desnudamente poligonales quedara en un ensayo fallido.

Curiosamente, nadie se preocupó por recuperar el AOR de extracción futurista, quizás demasiado áspero para completar esa imagen idílica del futuro. Las guitarras que ahora oímos están excesivamente tratadas, hasta el punto de perder todo rastro orgánico. Comida para astronautas, híbridos, proteínas licuadas, cereales procesados. Estas elecciones estéticas atañen a todo el mainstream, como si se buscara homologar el diseño y así acelerar la llegada a ese futuro. Todo esto converge en la resurrección del germen ochentero. Volvemos al salón recreativo, sólo que esta vez lo encontramos impecable, sin sudor ni olores. Bueno, no, miento. De sus dos representantes máximos, Italians Do It Better (USA) parece abogar por preservar parte de la sordidez y la rugosidad de la época. Por otro lado, Valerie Collective (Francia) va en pos de un retrofuturismo idílico. Ambos son pertinaces, pero IDIB se aparta del neón y lame el asfalto; demasiado esforzados en aparentar una rebeldía que aquí no tiene lugar. Los franceses van más allá de lo estético y revisan los cimientos, con lo que demuestran conocerlos. Claro que disponen de ilustres antecedentes y coetáneos en el género: Air, Daft Punk, Justice, Kavinsky. No hay nada casual en la elección de Daft Punk para el score de “TRON: Legacy”; lástima que fueran sometidos a las exigencias de estilo hollywoodienses. Como sucediera con el cine gore, USA y Europa han estado pasándose el disco láser desde hace décadas, intercambiando influencias y relevándose el puesto de representantes.

Todas estas analogías y discrepancias saltan a la vista cuando uno encuentra a ambas escuelas reunidas en la -por diversos motivos- pluscuamperfecta banda sonora de “Drive”. Pero, como la película, sólo los franceses conjugan forma y contenido acertadamente. A IDIB le pierde el club, la frivolidad, prefiere hacérselo con la rubia tetuda antes que con la androide sexy. Uno debe elogiar ese gusto por lo orgánico, pero con reservas. Valerie Collective no desatiende la esencia del hit, sabe cuáles son sus hechuras, mientras que IDIB prolonga un discurso monótono, sometiéndose drásticamente a su propia oferta. En USA huele a cerrado, nunca vemos el sol ponerse ni alzarse; simplemente carecen de él.

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