Mark Lanegan – Blues Funeral (2012)

por Manel Mourning

Si el fruto de ocho años de silencio es un disco como este, obliguemos a callar al 90% de grupos actuales. Mark Lanegan ha salido del reposo espiritual al que llevaba suscrito desde 2004, si exceptuamos las colaboraciones y proyectos compartidos con Soulsavers, Queens Of The Stone Age o Gutter Twins, y se ha sacado de la chistera un disco perfecto que supera cualquier expectativa que pudiéramos haber tenido en él. Trabajos como este, que rozan lo divino y se hacen difícilmente superables convirtiéndose en clásicos instantáneos, no ha habido muchos en la última década. Y Lanegan lo ha conseguido de una manera sencilla y brutal utilizando todo su bagaje y la amplia gama de recursos de los que disponía para sacar un disco del que se hablará muchísimo en el futuro.

El disco discurre por absolutamente todos los caminos que uno está dispuesto a abordar y los estilos se doblegan a la voluntad de Lanegan, que se va adaptando a cada uno de ellos canción tras canción, sin perder un ápice de personalidad. El blues más agorero toma cuerpo en Bleeding Mudy Water, donde la voz defenestrada de Lanegan toma el papel protagonista para luego alejarse y seguir por derroteros de sonidos más actuales, como en Ode To Sad Disco, con la ayuda de sintetizadores que se acoplan a la perfección a esta elegía musical donde todo lo que uno se puede imaginar tiene cabida, sentido y lugar. El oyente sigue estremeciéndose, ahora de una manera más cercana, con las guitarras del rock más clásico de la mano de Josh Homme, que colabora en la canción Riot In My House. No es mi intención menospreciar el trabajo del líder de QOTSA, dónde va usted a parar, ni ponerme del lado de Lanegan ahora que ha sacado un nuevo disco y que todo el mundo va a hablar de él, aprovechando el momento y la situación para hacer gala de un chaqueterismo barato y sospechoso, para afirmar que al final Mark es el bueno y Josh el malo. No soy de esa clase de personas sin ética, moral o discurso propio, que fallan a favor de lo moderno. Pero sí me gustaría decir, aunque sea con la boca pequeña, que todo lo que hace Homme tiene tintes similares y característicos que lo definen como inconfundiblemente suyo, algo que tiene infinitos aspectos positivos si lo adoras como yo, pero que también provoca una cierta reticencia cuando todo tiene ese olor agradable y familiar que pueden tener Kyuss, Queens Of The Stone Age, Them Crooked Cultures o las Desert Sessions, y que empieza a cansar levemente cuando te das cuenta que todo esto no va a ningún sitio, aunque la confianza siga inquebrantable y estés dispuesto a arrojarte al precipicio cogido de su mano. Y lo que más me duele, como una daga envenenada en el corazón, es saber que Josh probablemente sea incapaz de escribir algo como este Blues Funeral. Y cuidado, que lo que estoy diciendo es una cosa muy seria. Le falta vida y le falta muerte. Le falta haber perdido la fe y haberla recuperado después de demasiados años de búsqueda como para volver a ser el mismo.

Es un ejercicio maravilloso, una oda al pasado y al futuro, un homenaje que sale del corazón y te llega al alma, cuando a medida que van sonando las canciones del disco y ves reflejadas todas y cada una de las influencias de Lanegan, pasando y dejando mella en tu memoria. Tom Waits te saluda quitándose el sombrero y Ian McCulloch te mira con desaprobación desde una ventana, mientras el Lee Hazlewood más crepuscular ni siquiera levanta los ojos del periódico, porque ayer bebió demasiado whisky y se avergüenza de cosas de las que no quiere acordarse. Josh Homme te mira y sonríe, porque ha colaborado directamente en el disco y sabe que esto es comparable al Moisés de Miguel Ángel. El debate sobre influencias y estilos es absurdo en este caso, ya que esto es precisamente lo que la música debería ser. Una mezcolanza de herencias musicales y recursos tanto primitivos como actuales que el autor vomita sacándolo de dentro y transformándolo en algo propio a la vez que demuestra su talento y su capacidad de síntesis de lo que ha conformado toda su vida. El talento no se demuestra, como intentan hacernos creer en estos últimos años, en utilizar la fórmula exitosa del momento para crear una burda imitación que dé forma a algo que puede resultar impactante al primer contacto pero vacío de significado y de espíritu.

Este es uno de esos discos que nos remite a una época que no es esta, donde todavía existía un resquicio de imaginación en la música que hacía que cosas enormes salieran a la luz como setas en el bosque y perdurasen en el tiempo. Si en Studio Suicide puntuásemos los discos, este sin duda se llevaría cinco cuchilladas.

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2 comentarios to “Mark Lanegan – Blues Funeral (2012)”

  1. Hostia. Mola lo que aclaras sobre Josh Homme… A muchos grandes músicos les pasa: esa incapacidad de salir de la propia jaula que ellos mismos afanosamente se han construido.

    A ver si consigo este disco de una santa vez.

  2. Es que es un pogo complicado. Todo lo que hace Homme me gusta pero es tan “Homme” que a veces sabe hasta mal. En cambio, parece que Lanegan no tiene ese problema. Por cierto, no he encontrado ninguna tarjeta en casa, lo siento.

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