A Place To Bury Strangers – Onwards The Wall (2012)

por Manel Mourning

No existe ninguna otra manera de disfrutar la música de A Place To Bury Strangers que no sea ajustando el volumen al máximo y apartándote el pelo de la cara mientras la sangre te mana a borbotones de las orejas. Sus primeros discos fueron una oda al control de la música mediante y a pesar del terrible volumen que taladraba el cerebro del oyente, una sarna que no pica y un deleite absoluto que no es saludable ni por asomo. APTBS controlan su música como Einstein las matemáticas y nada escapa de su control, por lo que las distorsiones, el fuzz o lo que dios quiera que se les ponga por delante se convierte en un dócil perrito con el que los neoyorquinos juegan para dotar a sus canciones de un cuerpo y un espíritu que te tira de la silla y te estampa contra el suelo.

Onwards The Wall empieza con I Lost You de una manera prometedora, aunque tenga demasiadas similitudes sonoras y estructurales con los inicios de su anterior Exploding Head, pero la sorpresa, que ni siquiera podríamos llamarla de esta manera, se acaba ahí. El resto de las cuatro canciones se acercan de una manera peligrosa al feedback de un post-punk mucho más maduro del que APTBS nos tienen acostumbrados y aunque eso no es ni debería ser un punto en contra, el muro de sonido y la explosión sónica que demuestran el saber hacer de la banda y que es sin lugar a dudas su principal baza se disipa y nos deja fríos y con ganas de más perturbación sensorial. Afortunadamente, la evolución y la demostración de solera y de regresión adulta que nos ofrece este nuevo giro del grupo no solo tiene que ver con el ruidismo ilustrado que tanto echamos de menos, por lo que los recursos utilizados por Oliver crecen exponencialmente y dotan al conjunto del disco del aura más prudente y sensata que proporciona la experiencia y la veteranía. Crecen los matices y las reminiscencias a influencias no vistas en trabajos anteriores son muchísimo más palpables, pero es difícil determinar si compensa o no. Los elementos eternos e indelebles ahí siguen, aguantando el chaparrón. Bien por cabezonería de su líder, bien porque al fin y al cabo es el origen de la banda y nunca dejará de ser su piso franco, el shoegaze que fue la bandera que empuñaron sin miedo ni pudor en sus inicios, sigue estando en la lista y gritando “¡Presente!” cuando se le llama la atención, pero ya hace demasiado tiempo que volvió a pasar de moda como para seguir empeñados en convertirlo en su estandarte.

Los cantos de sirena de la guitarra de Auckermann pierden fuelle, ganan juicio y se alejan hacía el post-punk más depurado y bajo control, lo que por otra parte, era el único camino a seguir y la evolución lógica de la banda de New York. Porque es la historia de siempre y nadie puede gastar diez años de su vida sacando discos idénticos que anclan al pasado y demuestran una nula inquietud por la progresión personal. Ya lo dijo Nas, el sueño es el primo de la muerte. Moverse es indispensable.

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