Blanck Mass – Blanck Mass (2011)

por Mario Cotos Franck

No por obvio debe olvidarse nunca el triángulo equilátero que mantienen drone, electrónica y rock progresivo. Para terminar de ilustrarlo, inscribimos dicho triángulo en una iridiscente esfera cósmica, que sería la inspiración que une los vértices. El propio Benjamin John Power,  cincuenta por ciento de Fuck Buttons, cuenta aquí que este disco está “vagamente basado en la sensación de hipoxia, mientras que la nota introductoria no esconde -así debería ser siempre- la influencia de Carl Sagan y Ennio Morricone. A menudo los artistas -cosas de los flujos abstractos de la creación- y con mayor acento los músicos, fracasan en fidelizar sus quimeras desde el plano sensorial. En ocasiones el erotismo de una obra precisamente reside en la distancia que media entre el influjo y el producto; es frecuente y es una imposibilidad que puede manejarse de forma deliberada. Lo inusual es encontrarse un nivel de precisión conceptual como el que alcanza Power aquí.

Si el objeto de muchos artistas drone es alterar físicamente al oyente, Blanck Mass lo consigue sobradamente. Mediante recursos elementales (loops, flangers y phasers) y otros más audaces y sofisticados como teclados quirúrgicamente laminados, reverberaciones monstruosas, ecualizaciones demenciales y toda clase de excesos empleados con un control absoluto. Decir que su planteamiento abstracto le ofrece cierta ventaja de partida sería abaratar la inteligencia invertida en cada pieza, no aptas -quedáis avisados- para mentes frágiles e impacientes. Lo fácil es señalar al cielo y vender un brebaje tóxico de infusiones místicas y ruidismo extraviado; ejemplo que desgraciadamente abunda sobremanera en el género. Lo complejo, lo meritorio, es construir ese triángulo perfecto del principio, desafiar a los sentidos y sobrepasarlos sorteando la disposición mental del oyente, someterle a la música y no esperar que éste se acurruque dócilmente junto a su luz. Los materiales son, a grandes rasgos, los que indicaba unas líneas atrás. A ello debe sumársele uno de los muchos trucos que se dan para crear la magia del drone: manipular instrumentos hasta hacerlos inidentificables, alumbrando así sonidos y texturas originales que esclavizarán al oyente y le llevarán a lugares para él antes desconocidos.

Si algo de positivo tiene esta era de la sobreinformación es la cantidad de recursos e intentos pretéritos a los que todo individuo inquieto tiene opción a acceder y posteriormente explotar. Así, quedan perfeccionadas propuestas alrededor de las cuales gente como Tangerine Dream ha orbitado a la deriva durante la práctica totalidad de su carrera. Triunfa también al concretar horizontes que muchos grupos de space-rock y prog-rock sólo eran capaces de arañar en sus fastuosas introducciones. Blanck Mass se impone a sus tótems influenciales por una simple cuestión de lucidez, virtud de la que tristemente acostumbran a andar faltos los géneros que aquí se congregan, y lo hace si no de forma simétrica, sí en una proporción muy equilibrada. Se querrá pensar que no es más que una fantasía, un delirio de tinte galáctico, pero se trata de algo absolutamente real desde que es -absoluta e inevitablemente- perceptible.

Más cerca de la NASA que del LSD, tan vívido y fascinante es, tan lejos llega.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: