P.K.14 – City Weather Sailing (2008)

por Álvaro Mortem

Demos un gran salto hacia adelante, uno que desafíe tanto al tiempo como al espacio, que haga restallar las leyes de la física con rabia mientras saltamos atravesando océanos murallas y montañas hasta llegar al pueblo de Nanjing; ¿qué se nos habrá perdido en una importante ciudad pesquero-industrial de China? Es 1997 y un grupo de jóvenes influenciados por la música occidental, por The Smashing Pumpkins primero por las formas más comunes de post-punk después, inician su peregrinaje que acabará en la iterativa prosa de un perturbado mental de la ciudad hermana que les vio nacer: el viento del este nos traerá las melodías de un mundo lejano. Pero no adelantemos acontecimientos, primero estos jóvenes tendrán que llegar a Pekín, sacar un excelente primer cd y, ya después de todo eso, situarnos ante su segundo, y primer aniquilador de refranes de mierda como que el segundo disco siempre es peor, trabajo. Bienvenidos a City Weather Sailing.

Sus señorías P.K. 14, abreviatura en algún sentido de Public Kingdom for Teens, nos conceden una evolución de su sonido post-punk de marcadísimos caracteres asiáticos que harían eyacular de placer a cualquier xinólogo que se precie en todas las direcciones que ya apuntaban ya desde un primer disco que tiro los dientes de una crítica mordaz incapaz de hincarles sus reyes blancos. ¿Y qué podemos esperar de P.K. 14? Unos clásicos delirios post-punk bien tamizados con ese encantador indie rock que vale para que las chicas que no deberían interesaros, pero lo hacen, bailen como catalépsicas por todo el bar acompañados del mejor componente de exotismo conocido: cantar exclusivamente en chino mandarín. Por eso algo que a priori no deja de ser una continuación estricte sensu de las coordenadas más manidas de la historia de la música, sólo seguidas de cerca por las formas más infectas de italo disco, se convierte en una deliciosa pieza de gourmet que aporta ese toque diferente que todo buen plato necesita: al cantar en chino mandarín aportan un toque de madurez, de divergencia en su significación sonora, que produce un efecto sustancial en la concepción de su sonido; las formas líricas del mandarín se convierten en un instrumento auxiliar de los ondulantes golpes de guitarra constantes.

Pero hasta ahora no he dicho nada que no valga para cualquier disco de P.K. 14 y aquí entra la evolución antes remitida: si cualquier otro grupo se conformaría con haber alcanzado un estilo único por su procedencia, P.K. 14 arriesgan el todo por el todo para crear un sonido propio. Si empezar con una balada de orden casi post-rock/ambient (I Wait For You In Nanjing’s Streets) es seguramente una de las ideas más suicidas que un servidor ha tenido el placer de presenciar no lo es menos continuar con un delirio post-punk cantado en chino y acompañado de violines (Wade The River) para desesperación de cualquier productor en sus cabales. Pero P.K. 14 no fracasan en sus experimentos, muy al contrario, salen triunfantes como héroes improvistos de un palacio que es y no es post-punk.

Por supuesto que no se quedarán meramente en eso, si tienen que entrar en coordenadas que rozan el garage en The Other Side o acabar en una suerte de post-funk, por llamarlo de algún modo, como ocurre en la sorprendente Let Thing Inside no sólo lo hacen, sino que lo hacen del único modo digno que se pueden hacer semejantes locuras: con una absoluta inconsciencia; con la certeza de que se tiene un dominio semejante de la música que cualquier pretensión de moldearla acabará necesariamente en un éxito rotundo. Y así es. Si P.K.14 sirve de acrónimo para hacer referencia al reino público de los adolescentes podemos dar fe, escuchando su música, que esto es así, y no sólo porque sea fiero, alocado y tremendamente juvenil sino porque de hecho escapa siempre de cualquier intento de estandarizarse, de establecerse como un referente de lo que se espera de ellos. P.K.14 son los adorables rebeldes sin causa que sólo en ese continuo huir de lo que se espera de ellos alcanzan su madurez musical; huid, jóvenes post-chinos, pues si la edad adulta os alcanza os convertiréis en otra de esas aburridas bandas que creen que vale con vivir de haber sido experimentales. Y eso no podríamos soportarlo.

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