Steve Hauschildt – Tragedy & Geometry (2011)

por Mario Cotos Franck

“Me siento abstracta la mayor parte del tiempo”, confiesa la cantante de cierto grupo del que no te interesa conocer el nombre. A ese estado se llega por la neurosis y la depresión, pero el empujón definitivo, el disparador, siempre viene de afuera, del prójimo, de alguien que pasaba por ahí y al que verdaderamente no le importa lo abstracto porque su vida -cree- no funciona gracias a ello. Que les jodan, claro. Es lo práctico. Cuánto vale eso, quién ganó el partido de anoche, esta película parece buena, qué aburrido es leer, tengo prisa, dámelo ya, este disco mola mucho, este otro es una mierda, te lo digo porque lo sé, lo sé por este abecé con el que calibro la magnitud de todo, mi opinión debe ser respetada, verdaderamente no me importa la música, no me importa porque no me da nada, pero está bien escuchar algo de vez en cuando, sentir que formo parte de algo a lo que por naturaleza jamás podré pertenecer. Sí, eso es lo que la gente como yo hace con el arte, despreciarlo, pero sin renunciar al derecho a tratarlo como si me perteneciera. Me da igual quiénes lo fabriquen, ellos me dan igual, pueden caerse muertos ahora mismo. Yo soy imprescindible, ellos me sirven a mí. Soy importante, soy sensible, soy inteligente, soy válido incluso cuando mis funciones cerebrales están en suspensión de pagos. Soy, en definitiva, incapaz de entender la música, y mucho menos un disco como éste. Pero te diré que sí, que lo soy. Porque lo soy.

Eso no es más que el discurso inconfeso de incontables consumidores de cultura, monstruos ingratos que sin saberlo reconocen su oscuridad al negar la importancia del alimento. Peor aún: reconocen esa importancia de forma intermitente. El escuchador de discos es de todos ellos el más hipócrita de todos, porque se siente moralmente capacitado para ignorar o abrazar un discurso, según convenga. Así, poco le importarán el título del disco ni sus implicaciones, siendo importantísima la que deriva de la geometría, que siempre estará presente de un modo u otro al hablar de música electrónica. La simetría, la perfección absoluta, el confort que podemos exprimirle a las máquinas, la ciencia como almohadón sobre el que descansar tanta crispación y tanta angustia; objetivos no oficiales tras lo que algunos quieren, insisten en ver como templo hedonista. Siendo éste un disco homogéneo y abiertamente minimalista, donde lo interesante es la progresión y crecimiento de las melodías por encima de todo, el cómo es más interesante que el porqué. Ahora la pregunta es si disfrutas de cómo se construye gradualmente un espacio intangible, si sabes apreciar las sutilidades que hacen que esta nueva capa se acople a la anterior, que lo que antes era sólido se licue para tornarse gaseoso. Para responderte puedes ir directamente a “Music For A Moire Pattern”, la pieza que articula y explica “Tragedy & Geometry”. Su lugar en el tracklist es de todo menos caprichoso, y lo mismo puede decirse de su estructura, que crece paciente y piramidalmente para culminar con tres bellísimos minutos finales que casi podrían justificar el disco al completo.

La deuda de Hauschildt con Emeralds, su grupo nodriza, es innegable, pero aquí falta el elemento orgánico que distingue al trío. El disco está hecho en su totalidad con sedosos sintetizadores analógicos, lo que llevarará a más de uno a comparaciones inútiles y gratuitas, porque el origen y destino del escuchador-tipo, al enfrentarse a cualquier clase de obra, es la estética. Sería una lástima adoptar esa actitud ante un trabajo tan -sí- limpio y simétrico. Ésta es la clase de música electrónica que no propone aislamiento sino conexión, que mapea territorios que nunca serán penetrados pero a los que deberíamos aspirar. Porque detrás de la geometría, de las líneas pluscuamperfectas, prima la tragedia, representada aquí a través de frágiles drones furtivos de efecto balsámico.

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4 Responses to “Steve Hauschildt – Tragedy & Geometry (2011)”

  1. ¡Buenas! Me paso por aquí para decir que el corte que me ha enganchado es el primero. Por esos arpeggios del principio tan limpios, la sensibilidad taaaan analógica (ahora está de moda, pero no me gusta el sonido que le sacan a esos sintes muchos grupos actuales) y la progresión general hacia el final con esos pads tan bonitos. Y por el título ;)

    También quería destacar el estilo del autor de la crítica, utilizando aproximadamente tres cuartas partes de ella para desarrollar la siguiente cuestión: la gente es gilipollas. Y luego hablar del disco en el último párrafo.

    Terminaré dándote las gracias por descubrirme el disco (y a su autor).

    ¡Saludos!

  2. El primer borrador era mucho peor; sólo dedicaba dos líneas al disco. El resto era un relato ambientado en un after.

  3. A veces creo que nos deberíamos dedicar a eso. A los relatos ambientados en afters, quiero decir.

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