Frozen Plasma – Artificial (2006)

por Álvaro Mortem

Cuando un grupo declara situarse dentro de un género llamado Futurepop sólo caben dos posibilidades, ambas llevadas hasta su forma más extrema: la ironía o la casposidad. Si mientras el primero caso, que por supuesto no es el que nos ocupa, situaría ese rango infinito entre el espartanismo punk y la epopeya esquizofrénica de cualquier estrella de moda con un productor demasiado enzarpado para darse cuenta de lo que ocurre, el segundo siempre se sitúa con entrañables entidades, con especial predilección si son países del Este o de Sudamérica, que creen estar revolucionando la música con sus casiotone. Esta segunda especie, mucho más interesante que la primera, sería en la que se circunscribirían esos entrañables monstruos asincopados con el one hit wonder más antitético de la historia del nominalismo: Frozen Plasma.

Al empezar Artificial, ya desde su nombre, uno debe saber a que se enfrentará durante los próximos cuarenta minutos: ritmos prefabricados, una producción limpia y sin sorpresas, una agradable selección de los sonidos más horteras del teclado gitano (sin cabra) y unas letras que se sitúan entre la poética fácil y el bochorno más asombroso. Lo interesante es como, aun cumplir exactamente esas expectativas, consiguen situarse siempre dos pasos más allá de estas mismas pero sin abandonar jamás ese bochorno; son exactamente el grupo que formarían dos familiares cercanos del género masculino de 45+ años si decidieran salir del armario haciendo electrónica, son horteras hasta lo inimaginable, pero tienen algo. Jamás se sitúan en airados y vomitivos remiendos de formas anteriores y, ni siquiera, se podría decir que hay una forma radicalmente conocida de concebir su música anterior, ya que intentan mantener siempre un estilo personal que, además, se salda con una victoria espectacular. Si Irony es un triunfo del nominalismo errado también lo es de la música electrónica ligera, es la canción que consigue capturar de un movimiento ágil y simple lo sublime, lo infinito inaprensible, a través de Lo Hortera;  si una canción es un casiotone, cuatro efectos mal definidos y una metáfora chusca, ¿por qué resulta tan fascinante entonces?

Pero no se crean que este exceso de purpurina y globos malva en la fiesta especial para los jóvenes solteros de un super-crucero por alta mar es la excepción que confirma la regla, el resto del disco sigue esa misma linea de recordarnos que nosotros también podemos disfrutar de lo grotesco. En War / Flashbacks hacen un EBM reggatonero que por alguna razón resulta agradable de escuchar a pesar de ser la versión oscura de unos Back Street Boys en horas bajas, sólo superado por la ¿balada? -no, de verdad, es imposible saber que es balada y que no en este disco- A Second Of Life donde directamente es indistinguible de cualquiera de sus grandes éxitos para hacé el amó de su tío el cazurro de buen corazón. Lo irónico del disco es como en el caso de la muy ortodoxa Hypocrite, seguramente la mejor canción del disco, y la única que no dará bochorno trve a los góticos de escuchar en público, es la menos interesante del disco por ajustarse avant la lettre a todo lo que se espera de una canción de futurepop comedida y con el punto justo de efectos tontorrones.

Ese es el problema de Frozen Plasma, cuando son demasiado auto-conscientes son capaces de hacer una música agradable, bien tamizada y que puede incluso jugar por los puestos finales de la primera división del EBM. El problema es que esa no es su liga, Frozen Plasma juegan en la delgada linea entre el bochorno y la genialidad con una ingenuidad envidiable; ellos hacen música como un niño hace un retrato de su familia: con los grotescos despuntes de un talento basado en la percepción técnica de una realidad minimalista. Eso es lo interesante. Quizás este retrato del EBM sea tróspido, horrendo y francamente hortera, pero precisamente por eso resulta encantador. No es un placer culpable, ni algo que sea tan malo que sea bueno -dos lugares comunes desterrados de toda posibilidad de ser tomados en serio- sino que consiguen retratar algo (in)finitamente completo aprehendiéndolo en el retrato finito, sustancialmente minúsculo, de sí. Frozen Plasma tienen ese encanto conocido de la mirada infantil, jueguetona, sorpresiva y totalmente trasnochada que te enseña algo que sabes lo que es, aunque no se parezca en absoluto a su representación. Y, precisamente, por esa inocencia inimitable, nos encanta.

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