El sinte nuevo del emperador y otros cuentos de terror.

por Manel Mourning

Los sintetizadores son una cosa buena, una cosa sana, pero hay que controlarlos a ellos y evitar que ellos te controlen a ti. Como la droga o como la Fuerza. Recuerdo como abracé con cariño y nostalgia de un pasado no vivido la resurrección del Shoegaze hace algo más de cinco años y acabe tirándome de los pelos ante la avalancha de bandas de todos los rincones del mundo, desde Estonia a Venezuela, que aparecían en Shoegazeralive bajo etiquetas tan inverosímiles como “Shoegazer european style”, “Shoegazer new generation”, “New noisepoppers” o “Shoegazer metal”. No niego, y de hecho afirmo, que el synthpop es una cosa bonita que siempre nos llega limpia, entra suavemente al cerebro, requiere pocos esfuerzos y es resultón y agradecido. Tampoco voy a negar que a la veleta de la música la hace girar el viento de las modas, incluso en los géneros más reaccionarios o underground donde los abanderados del Black Metal universitario estadounidense Liturgy llevan camisas vaqueras metidas por dentro de los pantalones y peinados con la raya al lado. Hoy en día cualquier atontado hace un grupo, se pone unas Wayfarer amarillas y al mes siguiente es portada de Spin. Pero el problema real es que tiene a una piara de fanáticos capaces de llenar Las Ventas dispuestos a consagrarle como mejor artista del año, aunque solo sea durante un par de semanas. Infelices que a veces tienen razón y muchas más no, pero a los que nadie puede discutir su pasión reverencial por un producto que realmente funciona pero que no tiene demasiado mérito. Este atontado, que es arquitecto y hace meses que está en paro pero que tiene amigos trabajando en galerías de arte, compra un sintetizador en Ebay (un MiniKorg ya sirve), le pide ayuda a un amigo suyo que ha estudiado producción audiovisual para que le explique que botoncitos tiene que girar, recluta a la compañera de piso de un conocido suyo que tiene fama de poseer una voz de nereida que cautiva a todos los butaneros del barrio y se saca de la manga 9 temas que conforman uno de los mejores discos del año. También existe la variante del ex-hardcore que busca más trascendencia y notoriedad y de paso follar más, como es el caso de Salem, Cold Cave o Sleigh Bells, pero viene a ser la misma historia. Esto tiene mucho que ver con la industria de la música efímera, que es lo que hemos aceptado y en lo que la hemos convertido.

Pero pongámonos serios. Los sintetizadores me gustan a mi y os gustan a vosotros, el problema no son ellos. Y, de hecho, realmente tampoco hay ningún problema, pero las corrientes musicales recuperadas duran poco más de un lustro y yo lo que exijo es que duren menos. 7 de cada 10 discos comentados en PlayGround o en Mondosonoro ahora mismo están basados en la síntesis de sonido y eso algo de lo que los propios músicos deberían darse cuenta e intentar tomar nuevos rumbos, en lugar de dejarse llevar por las olas de los hábitos coetáneos que acostumbran a ser más fáciles de crítica y factura, como es el caso del Synth-whatever. No quiero quitar méritos a bandas como Pegasvs o Granit, por ejemplo, pero esta situación me cansa, me harta y me fatiga hasta el punto de no querer escuchar otra música que no sea la que suene mal, estridente, grosera y ruda. Las melodías amables, las voces etéreas, la efervescencia electropop y las ensoñaciones sonoras hace ya demasiado tiempo que han dejado de resultarme atractivas para mostrarse repetitivas, anodinas e insustanciales. Es lo que el público quiere, es cierto, y también asegura una recepción y una crítica positiva, así como un apoyo institucional al que se han sumado otras industrias como el cine. Yo todavía estoy recuperándome después de innumerables, infinitas y forzadas escuchas de Nightcall de Kavinsky y de toda la banda sonora de Drive y no quiero volver a pasar por ese martirio. No quiero que un fan cualquiera de Fito corra ilusionado a mostrarme su nuevo descubrimiento musical. No quiero que innovéis más. Demos un golpe al pararrayos. Estropeemos la brújula. Hagamos algo diferente, pero hagámoslo durante un espacio de tiempo más corto del que ha reinado el Synth en las revistas musicales.

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7 comentarios to “El sinte nuevo del emperador y otros cuentos de terror.”

  1. Me avergüenzo por reconocerme en alguno de los párrafos, pero has dado en el clavo.

    Gran artículo.

  2. Todos tenemos la culpa.

  3. Yo quiero hacer un grupo (perdón, una banda) de shoegaze-folk-astur.
    ¿Te animas? :P

  4. Estas cosas ocurren siempre. Lo interesante es hacia donde uno da el volantazo (como oyente) cuando se da cuenta de que vuelven a pasar… El mejor momento para filtrar todo este barrizal será dentro de 5 años, no ahora.

    Buenísimo lo de los que vienen del hardcore… A Salem igual no tanto, pero a los otros dos anda que no se les ve el plumero.

    Larga vida a Matt “bogo tiempo” Pike.

  5. Cold Cave son todo lo que son, que tampoco es mucho, por Prurient. Wes “El manco de lepanto” Eisold está ahí para poner la carita y se acabó. Y en cuanto a Sleigh Bells, pienso que acertaron con el primer disco pero con este último Reign In Terror les ha salido el tiro por la culata y esos riffs les delatan demasiado.

  6. Es cierto todo lo que dices, sin embargo no creo que haya mucho que reprocharle a la formidable banda sonora de Drive.

  7. En ningún momento he pretendido reprochar nada a nadie. La banda sonora de Drive es estupenda, pero personalmente la he escuchado demasiadas veces de manera impuesta.

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