Spacemen 3 – The Perfect Prescription (1987)

por Studio Suicide

Familias desestructuradas, vidas desgarradas, sacrificadas y truncadas debido a la droga. Hechos irrelevantes o quizás necesarios para que surja algo como esto. Aceptarlo es un acto de humildad, y no de misantropía. Es aferrarse al mundo reconociendo lo liviano del nuestro paso e intentar dejar huella. Y es que hay personas, como Sonic Boom o Jason Pierce, que saben que la creación artística, lejos de un placer o pasatiempo, es un deber sagrado. Una militancia.

Decir que The Perfect Prescription es meramente un disco sobre un viaje de drogas, el amor o sobre el cristianismo es como creer que Moby Dick es un libro sobre la caza de la ballena. Estos recursos, utilizados de forma similar a las parábolas del Nuevo Testamento, junto a la música, son instrumentos para elevarnos, para provocarnos. Take me to the other side, ¿no es esto un tanto chamánico o incluso catártico? No es casualidad o gusto por tanto el uso de wah-wahs, delays, tremolos, drones e infinidad de capas pasadas por reverb a veces imperceptibles a lo largo de las canciones, como filtros sobre la realidad, como una sustancia o pensamiento que altera la percepción. La producción musical para Spacemen 3 es un elemento quizás más importante que la composición misma, algo terriblemente dejado de lado en la música actual. Tampoco es casualidad la repetición y la simpleza en las estructuras compositivas, que lejos de ser un recurso estético más, elegido por las evidentes influencias de las que se nutre el disco, lo convierten en un verdadero homenaje a la obsesión humana.

No hay cuestión más importante que reivindicar en la música, tras 25 años que se cumplen de la edición de este LP, que la obsesión. Es la obcecación rayana en locura lo que siempre ha permitido crear buena música; escuchar esa canción cuarentamil veces hasta que entra en tus venas, creerte ese grupo como un tesoro privado hecho para ti. Reduce, simplifica, pues no se trata de amontonar información sino de procesar. No es elitismo, sino honestidad, pues si el arte se concibe por una conexión entre creador y espectador, ¿por qué malgastar el tiempo cuando ésta no existe? Quizás también podemos entender por obras como ésta, que el arte no empieza hasta que se produce la percepción del espectador, siendo ésta la que le da el verdadero significado.

Mucho podemos aprender de The Perfect Prescription, un regalo de dos genios que encontraron en la música y las drogas una utilidad para un mundo inútil, sin caer en un superficial mensaje de carpe diem. Escúchalo, disfrútalo, ponlo en tu plato o donde sea una y otra vez, porque si fuese físicamente posible, este disco debería haber sido prensado sobre una cinta de Möbius.

Guillermo Makers.

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