Paganini: La mano del diablo.

por Manel Mourning

Niccolò Paganini (1782 – 1840), poseedor del Oído absoluto y la Entonación perfecta, así como de cuatro violines Stradivarius y dos Amati, fue el primer gran virtuoso y super estrella de la música de la era moderna. En una época en la que ser cantante era solo una manera de ganarse la vida en Europa, Paganini fue el primer músico que giró en solitario y logró consolidarse como un virtuoso musical in excelsis. Actuando en conciertos con las entradas agotadas en pijama, con el pelo largo y despeinado, provocaba desmayos, llantos y auténtico terror entre las damas asistentes a sus performances mientras hacía enmudecer al público con los extraños ruidos y misteriosas melodías nunca escuchadas hasta entonces que salían de su violín. Improvisaba en todos sus conciertos. Inventó el uso de armónicos en este instrumento, perfeccionó la doble y triple parada y reavivó el uso de la scordatura. Fue, de largo, el músico más virtuoso de su época. Sufría el síndrome de Ehlers-Danlos, lo que le dotaba de una sobrehumana elasticidad en la muñeca y la mano.

Pero Paganini también fue perseguido por la maldición y los rumores malignos a lo largo de toda su carrera. Su técnica asombro tanto a Europa, que el público aseguraba que un influjo diabólico guiaba su mano. Podía interpretar obras de gran dificultad únicamente con una de las cuatro cuerdas de violín (retirando primero las otras tres, de manera que éstas no se rompieran durante su actuación), y continuar tocando a dos o tres voces, de forma que parecían varios los violines que sonaban. Su fama era tan extensa y el poder con el que controlaba tanto al violín como al sexo femenino era tal, que todo ciudadano europeo estaba convencido que Niccolò había vendido su alma al diablo. Fue acusado miles de veces en la prensa de ser un jugador compulsivo y un incurable disipado. Decían de él que era egoísta, cruel, maníaco, mórbido y vil. Se suponía, en la imaginación popular, que tenía un ejército de esbirros que se dedicaban a asesinar a los maridos de todas sus amantes. Sacrificó su humanidad a favor de la destreza y la eminencia en su arte a cambio de un alma ya suficientemente maldita y condenada, haciendo un trato con el Diablo. Testigos en Italia aseguraron haber visto como Satán guiaba la mano del maestro durante un concierto en Milán, mientras en Francia, testigos supuestamente acreditados, juraron haber visto emisarios del demonio esperando en el hall del teatro donde iba a ser el concierto.

Cuando Paganini murió en Francia en 1840, la Iglesia Católica negó su entierro en tierra consagrada, a pesar de las súplicas desde Roma, porque los ciudadanos locales estaban demasiado asustados. Lo mantuvieron sin sepultura durante tres años, hasta que finalmente fue trasladado a Roma. Murió de cáncer de laringe, lo que le había suprimido la capacidad de hablar junto al tratamiento con mercurio para paliar su sífilis.

¡Qué hombre! ¡Qué violín! ¡Qué artista¡ ¡Cielos! ¡Qué sufrimiento, qué miseria, qué tortura en esas cuatro cuerdas!” – Franz Liszt.

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