Amon Tobin – Foley Room (2007)

por Israel Fdez

Para empezar, sería un error catalogar este trabajo. Cuando Katsuhiko Maeda abordaba sus primeras composiciones experimentando con samples de música clásica, éste tipo brasileño tenía el culo pelado de pinchar en clubs. Es un honor para la electrónica. Baluarte del sello Ninja Tune, no es azar que el punto de inflexión hacia lo experimental supusiese paradójicamente su coronación, no tanto como DJ, sí como productor y artesano de los sonidos.

Me enfrenté a él desprovisto de cualquier base, sin conocer sus trabajos anteriores, sin saber apenas nada de la scene de la que formaba parte. Poco hubiese valido, pues la presente banda sonora cyberpunk apenas tiene que ver con sus anteriores obras preparadas para bailar. Solo hay que contemplar algunos vídeos que pululan por la red sobre el proceso de captación de sonidos, para entender el entusiasmo y su vehemente esfuerzo en posicionarse lejos del resto de artistas de su índole (Skalpel, Bonobo, Kid Koala, aunque formalmente esté más cerca de Venetian Snares o Aphex Twin). Y así, doce cortes concedidos bajo los resortes de LO ELECTRO, ayudado por la Kronos Quartet por aquí, la arpista Sarah Pagé por allá, con un lúcido sentido creativo. Nunca desentonará un etéreo piano, rasgueos de guitarra o cualquier ruido cotidiano entre loops fileteados de bombo y caja.

Pero no es un trabajo destinado a sonar de fondo, es un “sentémonos a escuchar”, cínicamente cinematográfico y metódico, hurgando entre lo antiestético para encontrar en la forma final, un collage orgánico y preciso. Desde su punto de vista, cualquier ruido puede ser música debidamente tratado, como una pulsión vital. La suma de los elementos (y qué elementos, solos de Art Blakey Charles Mingus) conforma un resultado que no huele a quirófano.

Abordando las etiquetas, pues un poco de trip hop, dark wave, experimentación, breakbeat… a estas alturas, las etiquetas son un corsé que inducen al manierismo toda pose natural. El espíritu de Amon Tobin, a caballo entre rapero rallavinilos y productor lúgubre, encontró su nicho y su madurez en Foley Room. Es una habitación de hotel donde suceden cosas extrañas, donde la novia yace encocada en el baño mientras el novio busca monstruos por las ventanas. Y al final todo es un gran viaje con épico final. Pasarán los años y miraremos como turistas a la puerta de esa habitación para apuntar, con sonrisa cómplice: aquí pasaron cosas.

Os dejo con un fan video de la canción que cierra el disco: At The End Of The Day

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