Seam – The Pace Is Glacial (1998)

por Mario Cotos Franck

La computadora pop también incorporaba un efecto 2000, o eso se extrae de la ingente cantidad de (grandes) bandas que murieron alrededor de 1999. Pronto llegaría otra forma de música, más lúdica, menos intensa, con las canciones en segundo plano y la estética del sonido como argumento primario. Lo que antes era orgullosamente alternativo pasó a ser pasto público, y así se perpetuó como tic lo que antes era deje natural. En realidad no existe un pop del futuro, o mejor dicho, no está ahí donde esperan que concentremos nuestra atención. Esto ocurre porque se da una traición con aires de ruptura hacia los nuevos discursos que surgieron entre los 90 y los 00, un período mucho más libre y ecléctico de lo que suele decirse. Una liberación coherente con sus referentes, que poco o nada tiene que ver con la década que le sucedería, puntal de tanta insustancialidad. Los 90: Growth, interrupted.

De Chicago y el hardcore/post-hardcore han surgido decenas de nombres indispensables, con Touch and Go Records como matrona a tanto talento y efervescencia. Como Bitch Magnet. Tras su disolución, su líder Sooyoung Park fundó Seam junto a Mac McCaughan de Superchunk. Es importante señalar la presencia de McCaughan de cara a tratar “The Pace Is Glacial”, obra testamentaria no sólo de la banda sino también de la década. En más de un aspecto. “The Pace Is Glacial” es un manual ejemplar sobre emo y post-hardcore, uno de tantos, al nivel de “American Football” o “Do You Know Who You Are?”. Todo aquello que tus bandas favoritas de ahora no sabrían contarte porque no entendieron está en estos discos: la importancia de los contratiempos en las baterías y de las fintas guitarrísticas, la riqueza del arpegio por encima del rasgado, el peso de un bajo bien ecualizado y el poder de superponer varios riffs de guitarra para armonizar y emocionar. Pero aquí Seam parecían prever el fin y anticiparse a esa no-continuidad que vendría, ese vacío inexplicable entre una década y otra. La traición con aires de ruptura de la que hablaba. Una ruptura falsa, porque no estableció diálogo alguno con aquellos de quienes tomaba el relevo.  Este disco no es mejor que “Are You Driving Me Crazy?” o “The Problem With Me”, pero sí conjuga lo mejor de la banda y lo lleva a su cénit melódico. Por eso duele escucharlo, porque es un trabajo generosísimo en melodías imprevisibles e indomables, inscritas en canciones de estructura escarpada, que se toman su tiempo en desplegar los motivos y otro tanto en hacerlos estallar. Mucho de eso ya estaba en Superchunk, estos depurándolo en “Living Indoor”, otro disco a rescatar. Duele que tanta inteligencia apenas haya dejado huella, como irrita que no se reivindique a un tipo tan clarividente como Sooyoung Park. Supongo que hoy en día lo fácil es venerar a energúmenos pretenciosos llamados Chris Martin y sumergirse en el tedioso indie para las masas, una lacra tan compleja como un martillo.

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