Sparklehorse – It’s A Wonderful Life (2001)

por xurde

its-a-wonderful-lifeEra sábado y llovía el el 6 de Marzo de 2010, el día que me enteré por Internet de la muerte de Mark Linkous. Un mes atrás había leído que estaba trabajando en su nuevo álbum y me había hecho hecho bastante ilusión ya que Sparklehorse, tras sus irregulares colaboraciones con Danger Mouse y Fennezs, no hacía un disco propio desde “Dreamt for Light Years in the Belly of a Mountain” en 2006. Con un disparo en el pecho en una visita a la casa de un amigo en Knoxville, Linkous terminó con la grabación de su quinto disco y con su vida. Atrás dejó una carrera musical definida principalmente por Sparklehorse, una de esas bandas que deambulan dignamente por la élite del indie norteamericano durante más de una década sin grandes visos de dar el salto a los charts de la MTV, pasando así a formar parte de su historia.

‘It’s A Wonderful Life” (2001), con título homónimo a la versión original de la omnipresente y manida oda existencialista de Capra (“Qué bello es vivir” en España), tenía ese complicado trance de sobrevivir al álbum previo, el enérgico y magnánime “Good Morning Spider” (1998), sin duda el mejor disco que Linkous había hecho hasta la fecha, y optó por ese paso hacia el sosiego y el intimismo en que se resguardan los músicos cuando se siente un poco presionados por la calidad de un trabajo anterior. Con títulos y líricas entre lo surreal y lo siniestro, que contrastan con el título del disco y más bien recuerdan una película de Tim Burton (con el que, siendo un poco desconsiderado con Linkous, se les puede llegar a encontrar hasta un cierto parecido razonable), el que sería penúltimo álbum de Sparklehorse tiene grandiosas canciones que evitan hablar de lo terrenal y se centran en un más allá que Linkous siempre ha tenido muy presente, haciendo presagiar que siempre había tenido planes cortoplacistas para su propia existencia y jamás le preocupó tener un rancho en el que retirarse a los 60.
La propia “It’s A Wonderful Life”, “Sea of Teeth”, “King of Nails” o “Little Fat Baby” son temas totalmente representativos para bien del álbum, ambientadas entre pianos y baterías ralentizadas, evocando una reflexiva y trascendente pausa vital. Las brillantes “Piano Fire” y “Comfort Me” elevan levemente el tempo, acercándose por un instante al disco anterior, para luego volver a la paz de los oscuros mundos interiores de Linkous.

Lo cierto es que ver un ranking de los 200 mejores discos de la década sin ‘It’s A Wonderful Life” ni tampoco el siguiente “Dreamt For The…”, me parece cuando menos ingrato para con un tipo que a juzgar por su abrupto final, vivió razonablemente entregado al noble arte de la música. Como reza la nota que colgaron sus familiares en su web tras su muerte “Que su viaje sea en paz, feliz y libre”.

Mark Linkous

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