Mark Fry – Dreaming With Alice (1972)

por Manel Mourning

A principios de la década de los 70, la juventud vivía sumergida en sueños, malos viajes y colores inexistentes. De aquí para allí, adolescentes de toda Europa y América, dejaban sus casas con un hatillo, una guitarra y un futuro en la cuneta. Un lo que surja existencial parecido al que vivimos actualmente, aunque sin títulos universitarios. Mark Fry fue un querubín inglés que, en 1972, grabó un disco como un templo y desapareció del mapa, perdido por la Europa más tercermundista y la América más anónima. Sinceramente, el pobre hombre no desapareció porque nunca llegó a aparecer.

Corría 1970 y el pecoso Mark había dejado los estudios para ir a estudiar pintura a Roma. Probablemente no tuviera una beca. Probablemente sus padres no se enteraron. Probablemente no les hubiera importado lo más mínimo. El asunto es que nuestro antihéroe se presentó en el país transalpino con su pelo largo, su guitarra y su bolsillos vacios y, tras hacer algunos amiguetes, se metió en un estudio para grabar Dreaming with Alice. Así, por las bravas. Sin avisar. Una vez editado el disco por parte de RCA, ni más ni menos, Mark volvió a Inglaterra, donde intentó continuar con su onírica e inexistente carrera musical, dándose de cabeza contra un muro. Así que, ni corto ni perezoso, decidió dedicarse a la pintura. Obviamente, tampoco destacó lo más mínimo en esta disciplina artística. Años más tarde, cuando el pobre Mark ya se había mentalizado y había hecho las paces con su propia persona totalmente negada para las artes (aunque seguía dedicando su vida a la pintura), venimos nosotros, los nuevos hippies musicales, y lo lanzamos de una patada por sorpresa al Olimpo del folk con Drake y compañía. Fry aprovechó la coyuntura para sacar su segundo disco en 40 años, Shooting the moon, que resultó ser una mierda de proporciones épicas, como era de esperar.

Pero pese a todo, Dreaming with Alice sigue ahí, como una joya perdida de la psicodelia menos convencional y el acid folk británico, precursor de la oscuridad en la luz. Una puta obra maestra fruto de la casualidad, con un profundo sentimiento rural gracias al eterno sitar (y a la droga mala, la de la Italia de los 70) y a interminables espirales surrealistas inspiradas en las aventuras de Alicia, el ácido y la expansión mental. Una parte esencial de la grandeza de este disco la recoge la influencia y utilización de instrumentos propiamente europeos como las flautas o la mandolina, que dotaron de una dimensión superior a la psicodelia europea ante la americana. Un ejemplo, al que yo clasificaría como obligatorio, de receptor de todas estas influencias en la actualidad sería Hala Strana, sin ir más lejos. Es cierto que este disco no poseé la carisma de otras estrellas del folk de la época como Drake, Jansch o Stevens, pero el nivel de oniria y de tronismo en esta grabación es directamente Muy elevado/Tocando el cielo, y eso es justamente lo que buscamos sin descanso la mayoría de gente como yo.

Mark Fry – Dreaming With Alice

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