El sonido de la confusión.

por Manel Mourning

Cuando pasan horas después de la primera copa de más y los teléfonos echan humo buscando un proveedor de sustancias ilegales, la música vuelve una y otra vez a las conversaciones. No nos gusta hablar de música. No nos gusta hablar de nada serio nunca. Hablar es de pesados. Era una de mis últimas noches en Barcelona y, como era usual, Adrián, Jaime y yo nos quedamos aislados en una mesa de una decrépita bodega de Poble Sec. No sé quién empezó a hablar de Spacemen 3, pero esa noche los tres amigos los elevamos a un Olimpo musical donde nadie los había elevado antes y estuvimos repasado en la memoria, canción por canción, los cuatro discos de esta maravillosa banda inglesa. Mi teoría, total y empíricamente probada, dice que no se puede hablar de ellos sin estar bajo el efecto de sustancias que alteren tu sentido de la percepción. Escuchar Suicide o Big City sin estar ebrio o drogado es malgastar una de las cosas más importantes que nos ha dado la música contemporánea.

Spacemen 3 fueron capaces de entender y plasmar físicamente el proceso de transformación a estado gaseoso de una consciencia humana. La espiritualidad se queda corta y vuelve al plano físico después de una voltereta etérea. Es el sonido de un incendio en otra dimensión. Es un globo aerostático habitante de la metáfora que sube y sube y no da cuartel y llega hasta el sol. Spacemen 3 es un sitio donde solo existe Spacemen 3. Un viaje de ida y vuelta y otra vez ida y ahí se queda. El Garage, el Rock, el Drone, la Psicodelia, el Postpunk, el Space Rock y la música en general se van a tomar por el culo si hablas de Spacemen 3, una banda que mezcló todos los estilos en un mismo sonido y consiguió algo que solo puedes apreciar en su totalidad si perteneces a una raza extraterrestre carente de cuerpo físico. El grado de subversión sensorial y del motín contra lo físico aumenta disco tras disco, es algo obvio, pero hay que saber apreciar los dos primeros discos. Sound Of Confusion y The Perfect Prescription, pese a pertenecer al Garage y al Rock más que los dos últimos trabajos, son discos conceptuales lejos de poder meterse en un zurrón. La progresión del espacio y del tiempo no avanzan a la par a medida que nos adentramos en el minutaje de cada uno de ellos y tal como ellos dijeron “es una visión de un viaje lisérgico desde su simple origen al explosivo final, con sus altos y sus bajos completamente intactos”. El efecto conseguido queda fielmente representado en títulos y canciones como Ectasy Symphony, Take Me To The Other Side, Losing Touch With My Mind o Transparent Radiation. O la significativa Call The Doctor, canción que advierte sónicamente de los fatales efectos de una sobredosis. Con Playing With Fire, la banda abre la caja de Pandora, desata las plagas del Apocalipsis y nos lleva a un país lejano del que nunca jamás vamos a volver. La nave espacial despega con un ruido ensordecedor y nos lleva a través del tiempo a un sitio muy raro en el que se está muy bien. El drone, el feedback, las distorsiones y los susurros separan nuestros pies del suelo y nos aleccionan en el motto de la banda, “Taking drugs to make music to take drugs to”. Su cuarto disco es una obra maestra como hay pocas.

A pesar las eternas disputas de sus dos miembros, J. Spacemen y Sonic Boom, logran grabar un quinto y último disco, Recurring, aunque de una manera un tanto peculiar. Cada uno grabó en solitario una cara del disco y no coincidieron en el estudio. De hecho, ambos ya habían empezado sus proyectos en solitario. J. Spacemen había conseguido empezar con Spiritualized, el lógico paso siguiente a Spacemen 3, y Sonic Boom se divertía con Spectrum. Personalmente, opino que la cara A es muy superior a la B, con hits del tamaño de Big City, I Love You o Set Me Free, aunque eso quizás sea debido a que soy devoto declarado de J. Después de la ruptura fueron publicados varios discos con demos, tanto de los inicios (como las demos del Sound of confusion) como del final de su carrera, así como recopilatorios de singles y demás mierda programada por las discográficas.

Desde la distancia, espero de todo corazón que Spacemen 3 jamás se reúnan. No los quiero ver en directo nunca. Solo quiero que permanezcan así, sin alterar un ápice de su concepto y su discurso.

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