L’Arc~en~Ciel – Kiss (2007)

por Álvaro Mortem

Entre el purismo musical más abyecto, aquel que confunde la calidad musical con lo minoritario o lo necesariamente complejo, existe un cierto complejo hacia cualquier clase de música que se escape de ciertos cánones pre-establecidos que articulan dentro de sus esquemas internos. Esto nos lleva a una tesis tan obvia como repugnante: hay géneros que son denostados por su condición en sí misma. Esto, además de demostrar una puerilidad que roza la ilegalidad, es la necesaria condición de ciertos individuos por legitimar su modus vivendi sobre el ajeno como único modo de legitimar sus posturas; si lo demás es malo, lo mío es bueno, retumba de forma infantil en sus cabezas huecas. Es por ello que grupos como L’Arc~en~Ciel tienen un doble prejuicio que superar en sus posible público más ilustrado: el prejuicio de la simplicidad (es pop) y el prejuicio de la culturabilidad (es japonés); superan ambos de forma notoria.

El discurso estético del grupo, muy lejos del pop facilón que se suele cultivar en Occidente, radica precisamente en un uso exquisito de patrones anormales dentro de su género. Es por ello que la profusión de bajos atronadores, de solos de guitarra que van más allá de los cuatro punteos facilones o baterías que no consisten en metrónomos humanos es la norma en un grupo que, pese a todo, suena como algo que podrías poner a tu familia sin que te traten (de una puñetera vez) de esnob trasnochado. Siempre un paso más allá de lo que se considera ortodoxo, lo que demuestran ampliamente en Alone en la Vida con detalles de carrillón y un uso del spanglish en los coros que sería ridículo en cualquier otro grupo, consiguen articular un totum revolutum que no debería funcionar pero, por alguna razón, funciona a la perfección. Tiene la sensibilidad pop justa, bien asentada en la delicada voz de hyde, sin abandonar nunca de una forma radical el fervor tecnicista que se puede encontrar detrás de cada canción; cada canción del grupo tiene dos niveles: el sencillo, el de una escucha ligera sensiblera para adolescentes, y el melómano, un delicado ejercicio de armonías que conforma un todo suave, extremadamente dulce, escondiendo detrás un buen ejercicio de técnica para su obtención.

Aunque en Kiss se alejan de los devaneos cuasi progresivos que cultivarían en el considerado por la voz popular como su obra mayor, Ark, en éste encuentran definitivamente la piedra filosofal del perfecto equilibrio sonoro. Un buen ejemplo sería My Heart Draws a Dream -seguramente una de las canciones con el título más pasteloso de la historia- demuestran que detrás de todo un artificio sistemático de pop vendible en su radioformula favorita tienen un corazón técnico: exceso subrepticio de platillos, linea de bajo dominante y un espíritu que casi podría denominarse como la versión acaramelada de los Chameleon más sobresaturados de instrumentalismo. Todo ello sin dejar de sonar a cada segundo como la clásica balada que enamoraría por igual a una madre y a un heavy treintañero con sobrepeso.

¿Y qué queda detrás de toda esa locura? Uno de los discos más tiernos que ha dado jamás el rock-pop que, en el proceso de su articulación, nos demuestra como sólo hace falta tirar de las cuerdas adecuadas para poder hacer bailar la técnica bien depurada al mismo son que el sonido más accesible para las masas. No cabe duda que su japonesidad, excesivamente visible para el canon occidental, está siempre presente tanto en su técnica como en su estilo, pero no deja de ser algo que le añade un encanto foráneo que termina de encuadrar su sonido dentro de ese exotismo naïf que les hace susceptibles de ser posicionados dentro de cualquier contexto que oscile entre el pop y el rock. Este río revuelto, que no deja de parecer exclusivamente ganancia de pescadores, en realidad debería ser el faro guía de todo aquel que desee hacer, hoy por hoy, una música popular que se pretenda no sólo extremadamente popular, sino también como el ejercicio sutil de punzadas finas que se le supone a cualquier música digna de ser escuchada atentamente. L’Arc~en~Ciel se sitúa precisamente aboliendo esa dicotomía: ni pop ni rock, ni simple ni exclusivo; más allá del bien y del mal, en medio del justo medio del virtuosismo musical.

One Comment to “L’Arc~en~Ciel – Kiss (2007)”

  1. Muy linda reseña, me gustó mucho, estoy de acuerdo contigo en la forma de ver a L’Arc, más allá del prejuicio de ser una banda de pop superventas.

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