Black Flag – Slip It In (1984)

por Israel Fdez

Cuando en mi primera banda adolescente le repliqué al batería que siguiera el mismo tempo y no se acelerara, él me regaló una frase que todavía estudio: “la música no se piensa, se siente”.  Sigo creyendo que el ritmo es fundamental, al igual que los pies de un poema miden la velocidad de la lectura. Aunque compongas cuarenta minutos de colchones noise mezclado con el audio de alguna cinta snuff perdida por Internet, el ritmo ordena el caos. ¿Puede acaso concebirse la música exenta de ritmo o es algo inherente imposible de disociar?

El punk no vive de un anecdotario pasado, es una oda a sentimientos inmediatos, una forma directa de furia sin cortapisas; como esencia pura, excesiva y áspera, es la vida en presente. Pero el punk también es altamente rítmico. Cuando Slip It In salió al mercado Black Flag ya habían muerto, ni siquiera eran ya punk (se habían tornado demasiado lentos, llegando incluso a doblar la duración de sus cortes). Tiendo a obcecarme en lo que estaba decayendo en la primera mitad de los ’80 en vez de maravillarme con lo que surgiría en la segunda mitad; eran demasiado buenos para el punk, me dijo un amigo. Y es que, si la música empieza donde acaba el lenguaje, ellos dejaron de comunicarse con el público. Sea como fuere, quedaban pocos años para que Black Flag se disgregase y, con ello, el movimiento hardcore tal cual lo imaginaron. Como a Minor Threat el tiempo los amansó y su mensaje pasó a ser pastiche de generaciones venideras.

Menos de cuarenta minutos premeditadamente inmaduros, con pose psychobilly, lo mejor de la banda está aquí. Pero lo peor también. Riffs sangrantes, letras sexuales y mugre, pero también novedad. Parte de la culpa la tuvo el nuevo cantante, Henry Rollins, futura carne de MTV y responsable de co-componer más de la mitad del disco. Quizá pequen de intentar ser algo que no son, pero honestidad no les falta. Variado como un área metropolitana, separó a la audiencia y fomentó la creatividad que reciclaron los pesimistas del grunge de finales de los ‘80. Sirvió como puente germinal para distintas disciplinas y abrir mentes a futuros músicos de cochera. El jazz, la forma de expresión más libre interpretada por los músicos más académicos, se da cómo carácter directo en este LP; hasta puede considerarse hilarante encontrar la etiqueta punk en un producto que contiene una pieza crimsomniana, instrumental y de ‘larguísima’ duración como Obliteration. Por ello es aconsejable acercarse a él con total ausencia de prejuicios y ánimo de disfrute. Los intelectuales muertos resucitaron.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: