Emeralds – Candy Shoppe (2010)

por Mario Cotos Franck

Les habíamos mencionado, incluso nos detuvimos en el disco de Steve Hauschildt y el trabajo como guitarrista de Mark McGuire; ahora le toca el turno a Emeralds, el grupo donde ambos -junto a John Elliott- conjugan distintas formas de enfocar la electrónica. “Candy Shoppe”, además de una canción estructuralmente perfecta, funciona como síntesis representativa de Emeralds. Contiene, si no todos, sí muchos de los rasgos que les caracterizan: sintetizadores analógicos solapándose hasta el exceso, obstinatos mágicos, aparentes improvisaciones que esconden planes y estrategias, sonidos acuáticos y texturas etéreas. Todo esto da como resultado un híbrido que no por obvio resulta en algo ordinario. En absoluto. Sí, ahí están la cadena de montaje de Kraftwerk, los flujos psicodélicos de Tangerine Dream y la captura de lo abstracto de Aphex Twin. Pero dejemos de confundir el identificar influencias con definir propuestas.

“Candy Shoppe” se aleja de las composiciones más enrevesadas de Emeralds y en apenas cinco minutos concreta una canción pop que dinamita los propios fundamentos de la canción pop al no servirse de estrofa, puente ni estribillo y, sin embargo, definir una trayectoria melódica inolvidable partiendo de un diseño original. Abre con un arpegio de sintetizador que va recorriendo de abajo a arriba una escala pentatónica de construcción japonesa, al que no tardan en sumarse la guitarra de McGuire y un segundo sintentizador. Los tres parecen respetarse, pero en breve toman caminos distintos, creándose una leve confusión, claramente deliberada. Este planteamiento se prolonga durante la primera mitad del tema para después transformarse en un caleidoscopio de melodías perfectamente alineadas, una cascada de sonidos que inunda al oyente mientras el sintetizador nº 2 conduce el tema a uno de esos infinitos catárticos tan agradecidos, por medio de una línea de graves vibrante e imperturbable. Todo esto resultaría en un caos cacofónico si no fuera porque -con la producción por un lado y el diseño de Emeralds por otro- los dibujos no se estorban los unos a los otros, confluyendo de forma perfectamente inteligible, con lo que cada uno de ellos puede ser leído de forma individual. Una explosión controlada, tres melodías que devienen un único motivo imposible de olvidar. Y ahí está, una canción pop que discute los mecanismos del hook y el estribillo. Desde una estética netamenta pretérita y germana, poniendo de manifiesto la vigencia/obsolescencia de ciertas fórmulas que tendemos a dar por inalterables.

Mención aparte merece este fantástico videomontaje para “Candy Shoppe”, obra de un fan de la banda, que se sirve de fragmentos del “Man With A Movie Camera” de Dziga Vertov para crear una fantasía límbica pareja a la que ya propone Emeralds. Hipnótico, adictivo y un complemento perfecto a una canción igualmente perfecta, valiente desde que pone a prueba un concepto original para llevarlo con éxito al inestable y veleidoso estadio de lo popular.

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