Arthur B. Rubinstein – Blue Thunder (1983)

por Mario Cotos Franck

LA PELÍCULA: John Badham, uno de los mejores artesanos del cine industrial de los 70-80, será siempre más conocido por haber dirigido “Saturday Night Fever” que por su subestimada adaptación de “Dracula” o este “Blue Thunder”, un thriller conspiranoico de acción que se distinguía por el superhelicóptero del título. Por aquel entonces era práctica habitual tener como reclamo comercial la figura del vehículo hi-tech, en realidad una mera explotación del atractivo que siempre han suscitado los ingenios tecnológicos, recurso al que la serie James Bond acudió en no pocas ocasiones. Pero “Blue Thunder” no confiaba su potencial en la fascinación por la tecnología, sino que precisamente cuestionaba su uso por parte de poderes en la sombra. El gran Roy Scheider era Frank Murphy, el honrado policía con problemas psicológicos que destapaba la conspiración tras el helicóptero, un imponente prototipo militar supuestamente enfocado a la vigilancia urbana. “No queremos otro Munich”, le justifica a Murphy uno de los agentes del Gobierno encargados de la supervisión del testeo del aparato, refiriéndose a las entonces cercanas Olimpiadas de Los Angeles. Contraposición hombre/máquina que también vertebraría el score de Arthur B. Rubinstein, referente inconfeso a cómo se trabaja hoy en día el maridaje entre sinfónica y electrónica en el score cinematrográfico.

EL DISCO: Antes de Rubinstein y “Blue Thunder”, los sintetizadores habían tenido casi siempre un papel anecdótico en los scores cinematográficos; los productores preferían confiar en el infalible sabor orquestal, mientras que los compositores parecían emplearse más en jugar con ellos que en integrarlos legítimamente en sus trabajos. El genio Jerry Goldsmith, uno de los más versátiles que la profesión recuerda, era entonces uno de los pocos que había conseguido resultados memorables. Pero incluso Goldsmith no pudo evitar la tentación de servirse de ellos de forma algo caprichosa en su partitura para “Logan’s Run”. Un precursor fatal a este empleo del sintetizador lo tenemos en el score de “Forbidden Planet”, una sucesión de cacofonías arrítmicas con la sci-fi fantástica como justificante. Pero Rubinstein llevaba ya un tiempo trabajando con sintetizadores, concretamente con el Synclavier II, un prodigio de la época que gozó de bastante popularidad en el ámbito profesional, entre varios motivos por su capacidad para secuenciar y manipular sonidos con una eficiencia entonces inaudita.

Rubinstein mezcló aquí fanfarrias de vientos y cuerdas con trepidantes loops y fraseos electrónicos, casi siempre inspirado en cadencias militares. Por otro lado compuso unos motivos personalizados para algunos de los personajes, cuyas melodías irían apareciéndose de forma más o menos evidente en los temas troncales del score. Inexplicablemente, son bastantes los aficionados que critican este trabajo por su -alegan- pobre calidad melódica y escandaloso contraste entre timbres orgánicos y electrónicos. Opiniones muy graves y mucho más gratuitas, porque la cantidad de melodías aquí es abrumadora y éstas están inscritas en complejas armonías, apenas se recurre al reprise de motivos principales, la variedad de recursos y estrategias daría para un monográfico y lo más importante, todo está perfectamente cohesionado. En ningún momento se imponen los sintetizadores a los instrumentos orgánicos o viceversa, porque ambos están tratados como parte de la misma orquesta. Se acompasan, pertenecen a menudo a la misma armonía, y puede que sea esa dualidad armónica lo que algunos califican como estridencia. Nada más lejos de la realidad. El nivel de concreción instrumental es soberbio, lo cual tiene especial mérito tratándose esencialmente de un score de acción, donde es habitual acudir a melodías genéricas e inconcretas con el único fin de crear un clima. El trabajo de Rubinstein en esta obra, perfectamente disfrutable como disco per se, es irreprochable. Su complejidad y profundidad, difíciles de abarcar en una simple escucha. En esta entrevista, Rubinstein desvelaba algunas anécdotas sobre la composición del score, que explican el cómo y porqué de su cohesión.

Y aquí la suite principal, que incluye la introducción y el primer vuelo de Murphy y JAFO.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: