No escuchéis música, o la vida os infectará

por Álvaro Mortem

Escuchar música no sirve para nada. Puedes creer que hacerlo te hará más feliz, más culto o más inteligente, pero no es cierto. O quizás creas que si escuchas la música que le gusta a tu persona amada, esa cuya sonrisa divaga entre las entretelas de tu cabeza a cada instante, le interesarás, pero es mentira. La única verdad es que te hará un esnob incomprendido que vagará entre las ciudades ruidosas incapaz de concentrarse ante la marabunta de estúpidos sonidos que se emiten en ella; ya no conocerás el placer del silencio, uno metafórico e inexistente que sólo conocen aquellos que no han aprendido a escuchar. Te darás cuenta que esa persona sólo escucha algo que consideras inefable -es la única explicación coherente para el éxito de Bloc Party: el crítico medio quería estar entre los muslos de la modernita de flequillo vivaz que le denegaba la mirada- y que no te puede gustar, que necesitas alguien mejor, que mereces algo mejor. Descubrirás que el mundo está lleno de ruido que no puedes descodificar, que todo es demasiado sucio como para que sea tolerable: la música te hará observar el mundo -pues cuando uno empieza a usar un sentido, los demás se auto-invitan a la fiesta- , y eso es insoportable.

Si escuchas música descubrirás que el dj de tu bar favorito es un imbécil, que no sabe pinchar en absoluto y que siempre pone las mismas cuatro canciones. No tardarás en darte cuenta que entrar en un centro comercial es insoportable, por la mezcla de sonidos anarmónicos entre sí, y que entrar en una tienda de discos no es mejor: la mierda crece como por encanto entre los anaqueles de la realidad mientras la escasa oferta que podría traerte la felicidad siempre está entre lo más caro, lo más lejano, lo ya agotado. Escuchar no te ayudará a hacer amigos, porque te hará renegar de muchos con quienes discutirás amargamente por minucias que antes se hubieran solucionado con un bufido y una cerveza. Tampoco te dará trabajo, porque escuchar música no sirve de nada, porque ser crítico sólo vale para predicar en el desierto ante un público siempre ausente. Un público que no escucha música, que ni quiere, ni desea hacerlo, pero siempre dicen que les gusta mucho la música; a mi me gusta escuchar de todo, pero no saben ni que existe algo más allá de aquello que la MTV tenga a bien poner. Si es que siquiera aun sabe alguien allí que es la música.

No escuches música. Por favor. Escuchar música te hará odiar la música, el mundo y las personas que conoces. Escuchar música te llevará a la búsqueda incansable de ese garito donde el dj sabe lo que se hace, de ese grupo desconocido que hace una música arcana que parece nacida de otra dimensión, de ese tío que puede discutir durante horas de las minucias recónditas del fabuloso psych rock camboyano de los 60’s. Te convertirá en un proceloso ermitaño que se gasta su poco dinero en cosas inútiles, en cosas que no sirven para nada en la sociedad, que sólo te hacen un ser triste y oscuro para los demás.

Sigue oyendo música, no la escuches, porque es el perfecto acompañamiento idiota para que continúes haciendo cosas productivas; sigue enamorado de la ensordecedora cacofonía de la nada en las calles, en las casas, en los locales. Olvida que hay música más allá de vuestros grandes éxitos, de vuestra mierda del día a día, pero olvida también que existimos los que sólo queremos escuchar lo que tuviera que gritarnos Cap’n Jazz sobre la diversión o lo que sólo se atrevió a susurrar sobre el mundo Hymies Basement antes de descomponerse. Vive en tus cosas útiles, escuchando sólo aquello que os da aceptación social y que consigue que la chica de tus sueños -o la que se te ha metido entre ceja y ceja que lo es- esté en vuestras vidas: seguid oyendo, nunca escuchéis. Porque si escuchas la música descubrirás el placer de bailar hasta caer rendidos ante el altar de un sacerdote-dj que trae la palabra de un Dionisios desatado; porque si escuchas la música descubrirás que habla de vosotros y de vuestro mundo, ese que intentáis negar a cada segundo; y, sobretodo, porque si escuchas la música descubrirás que escuchar música es inútil, que no te hace más guapo, más inteligente, más divertido o te consigue la chica de tus sueños, porque escuchar música sólo te da la satisfacción personal de estar en comunión con algo más allá de la lógica, más allá de lo racional. Y tú no quieres eso. Tú quieres lo racional, lo tangible. Por eso, por favor, no escuches música. Ya lo haremos aquellos que queramos ser infectados por el éxtasis irracional de un vitalismo más profundo que cualquier razón humana que jamás pueda ser articulada.

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