Los Punsetes – Una montaña es una montaña (2012)

por Álvaro Mortem

Cualquier individuo puede hacer algo así como crítica musical desde el mismo instante que la capacidad de pensamiento, de la apreciación sensible del arte, es algo que está de forma inherente en cualquier ser humano independientemente de su capacidad lógica. Ahora bien, con respecto a Los Punsetes nos encontraríamos un problema fundamental bajo este paradigma: si cualquiera hiciera una crítica sobre Una montaña es una montaña recalaríamos en toda clase de obviedades, estupideces y lugares comunes que nada aportan al debate. ¿Por qué? Porque Los Punsetes han hecho un doble salto mortal con tirabuzón, un tropo dentro de un enigma recubierto por una obviedad; Los Punsetes han enterrado el espíritu del Pop Ñoño, ya muerto desde hace una buena cantidad de años aunque el crítico medio aun no se haya enterado, y han aprovechado su piel para hacerse unas preciosistas máscaras ceremoniales.

Abandonando en cierta medida todo lo que había de catártico en la forma de su música anterior, el énfasis particular en las voces articuladas a partir de unos instrumentos en fuga, aquí se abandonan al big bang de la minuciosidad instrumental; en todas y cada una de las canciones hay una finura en las canciones, tanto en su sentido melódico como en el técnico, que parecen estar compuestas con escuadra y cartabón a base de golpes limpios sobre el papel -salvo por el hecho de que, aquí, el papel sería la carne lacerada del pop español pretérito. Esta precisión les lleva bamboleando desde los himnos power pop de >3 minutos (155) hasta exégesis que casi podríamos considerar bordeando con un post-rock perfilado bajo el canon de la sencillez cristalina en una suerte de post-pop imposible (como en Malas Tierras, cuyo final instrumental querrían poder firmar unos Explosions in the Sky en estado de gracia), lo cual les lleva a ese extraño mundo donde parecía que el grupo nunca recalaría: el preciosismo técnico, el homenaje poco soterrado a melodías clásicas, la minuciosa construcción de pequeñas obras de arte en miniatura. ¿Un campo nuevo para Los Punsetes? Sin duda, pero esta deconstrucción lejos de aniquilar el espíritu original del grupo, sus letras de belleza inenarrable, lo define con una mayor precisión en tanto la instrumentación se define como vehiculador de la catarsis propia que infligen las letras.

Por supuesto habrá gente que quiera ver en éste disco una concesión mainstream, un venderse al clasicismo indie pop que ha articulado la música de éste país durante décadas; no es así. Cualquier comparación con Los Planetas cae por su propio peso cuando Los Punsetes van más allá de estos, siempre diez o doce pasos de lo que podrían haber sido estos en Super 8; creer que Los Planetas tienen el monopolio de la mezcla de shoegaze con pop o las voces monótonas en el segundo es dejarse llevar por el prejuicio de aquel que se siente cómodo sentando cátedra sobre el trono de su cuarto de baño: es legítimo, pero tan ridículo como apestoso. Aquí Los Punsetes se atreven a ir más allá, a deconstruir todas las influencias que hasta ahora sólo se les intuían y ahora se les son conscientes, quemando durante una semana el motor de un autobús como rito mistérico en el cual instituirse como la nueva fuerza dionisiaca del mundo a descifrar, aquella que sólo sus adeptos más comprometidos podrán desentrañar en sus misterios más profundos. Esta es su exégesis última, su catarsis, lo que esconde bajo sus máscaras ceremoniales creadas con los retazos de piel del indie pop español anterior.

Una montaña es una montaña puede parecer una obviedad, pero no lo es tanto si lo reformulamos: Los Punsetes son Los Punsetes. La montaña aunque cambie con el tiempo, aun cuando se transforme, sigue siendo esencialmente la misma montaña y, del mismo modo, Los Punsetes aun cuando cambiando con el tiempo siguen siendo esencialmente Los Punsetes; no hay obviedad alguna en el disco, no hay un más de lo mismo o un intento de seguir en el mismo lugar; el salto que realizan en ciego no afecta a ellos, pues saben exactamente donde caerán, sino a nosotros. He ahí lo mistérico del disco. Conocemos a Los Punsetes, creemos saber donde llegarán, pero la realidad es que sólo aquellos que conocen de forma profunda lo que han desarrollado hasta el momento podrán descifrar por qué Los Punsetes son Los Punsetes aun cuando cambien de un modo tan brusco que casi parezcan un grupo diferente. Porque no sólo no parecen un grupo diferente, es que en realidad Una montaña es una montaña es el disco que más y mejor define a Los Punsetes hasta el momento.

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One Comment to “Los Punsetes – Una montaña es una montaña (2012)”

  1. El mundo sería un poco mejor sin ‘Los Punsetes’

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