Marilyn Manson – Born Villain (2012)

por Álvaro Mortem

Aunque pretendamos lo contrario, es imposible mantenerse siempre en la cresta de la ola que permite la más atrevida de las juventudes: somos seres vivos, ergo cambiamos. A este cambiar algunos lo llamarán madurar, otros quizás incluso envejecer, pero independientemente del nombre que se le propine a esta imposibilidad de mantenerse siempre en la misma condición del ser lo que está claro es que nos afecta a todos, sin excepción alguna. No nos resultaría así dificil pensar en algún grupo o artista que se vendió hacia el mainstream más vergonzosamente juvenil -por ejemplo, sí, HIM– como un intento desesperado de aferrarse en un triunfo que ni necesitaban ni les esperaba; incluso en ese cambiar hay que saber como cambiar, hacia donde dirigirse para no caer en el abismo. Pero aun cuando se abrace la mediocridad y el fallo en ese avanzar, siempre se puede volver hacia el camino correcto. Sin excepción.

Decir esto al respecto de Marilyn Manson puede parecer particularmente extraño, cuando no directamente inadecuado, por una panoplia de trabajos que han concomitado con la mediocridad más absoluta inimaginable. Si Eat Me, Drink Me era un trabajo simple y llanamente patético, principalmente por su absoluta incapacidad para hacer nada más allá de auto-parodiarse con muy poco gusto, entonces The High End of Low era un quiero y no puedo volver al espíritu anterior que propició la magnifiencia de la trilogía original mansonita; el problema de Manson no es que haya cambiado, es que no ha aceptado que ha cambiado y no puede seguir haciendo la misma música. El es más maduro, sabe mejor lo que quiere y, esto es importante de una forma particular, como lo quiere. El intentar volver una y otra vez sobre sus formas anteriores es un error porque de hecho la magia de estas se encontraba en su desprejuiciado espíritu adolescente, su total exención de problemática a la hora de experimentar todos los matices inimaginables dentro del género -y todos aquellos que estuvieran próximos, si caben- para así conformar un sonido que fuera eminentemente propio. Hoy Manson ha perdido no tanto los cojones de su juventud, como su inconsciencia; si Manson da un puñetazo sobre la mesa con Born Villain es porque acepta su madurez de una forma tan personal como radical.

Ya desde su gestación Manson nos fue avisando de que la inspiración de éste disco está más cerca del post-punk clásico de los 70’s que, de hecho, de todo el industrial metal que cultivaba hasta el momento de un modo tan sistemático como lastimero en sus últimos años. Y es cierto, pero sólo a medias: asume el sonido de ciertos grupos particulares para apropiarselo como suyo, lo deconstruye y lo analiza de forma sistemática para encajarlo dentro de su propia música. Es por ello que cuando vemos un toque à la Talking Heads en un gran tema industrialero como Pistol Whipped o un cierto tono que nos recuerda a Joy Division en una balada tan perfecta como Breaking the Same Old Ground no sólo nos suena completamente ajeno, sino que nos resulta completamente natural; coge elementos de estos grupos pero los lleva a su terreno, son reminiscencias de las influencias pero no pastiches de estos mismos. Si a esto le sumamos la clarísima influencia del stoner más pesado e indigesto de los 90’s -particularmente presente en ese futuro clásico que es Lay Down Your Goddamn Arms, pero también en la más modesta Slo-Mo-Tion– nos encontramos con el hecho de que Manson ha sabido re-inventarse, seguir adelante trazándose su propio camino a partir de las medidas ajenas que mejor podrían ayudarle a calibrar su trayecto.

Todo lo anterior no incide en que, a fin de cuentas, este no sea el disco más original de el reverendo en una década, muy al contrario, no hemos encontrado en un trabajo de Manson algo que tenga unas reminiscencias tan claras y maravillosas a su propia carrera que éste disco. Su voz abotargada con graves inflexiones de voz, las guitarras pesadas pero tremendamente ágiles de Twiggy Ramirez y el tono particularmente sombrío de sus composiciones está siempre presenten infectando cada segundo de escucha del disco. La diferencia es que lo hace desde la madurez, desde una consciencia profunda de lo absurdo de vivir de las rentas del pasado -propio y ajeno; no hay auto-plagio, hay siempre una apropiación sostenida bajo el manto de la influencia-, que le permite abordar un proyecto tan absurdamente nuevo como personal; quizás a cada momento notemos reminiscencias a tal o cual grupo, a tal o cual disco, pero son detalles que engrandecen un conjunto que suenan tan nuevo y propio de Manson como sólo lo hacían sus discos originales. Por eso, con el corazón henchido, podemos afirmar rotundamente que el reverendo ha vuelto. Y exige la fina contemplación de vuestros oídos.

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