The Cult – Choice of Weapon (2012)

por Álvaro Mortem

El axioma de que los viejos rockeros nunca mueren no sólo es falso, sino que es una completa gilipollez: si existe una especie que parece tendente hacia la auto-destrucción, tanto personal como musical, son los músicos de rock. Su actitud adocenada, intentando siempre ser el más macho entre los machos, les lleva hacia una auto-inmolación constante donde parece imposible salir con vida con el suficiente estilo como para mantenerse en la cresta de la ola del molar; un rockero sólo lo es mientras es capaz de petarlo en estilo y en sustancia. Pero precisamente por eso un grupo de niñatos pijos como The Hives nunca serán auténticas estrellas del rock pues, en último término, detrás de su estilo completamente impostado no hay ninguna sustancia. Si los viejos rockeros nunca mueren es porque te tirarían los dientes abajo si les dices que ya están viejos o que son incapaces de seguir el ritmo que hasta ahora han llevado, los viejos rockeros nunca mueren porque no existen rockeros que envejezcan en verdad; el rock no es de los jóvenes, es de los que saben canalizar toda su juventud en él.

Sólo partiendo de éste sentido podemos afirmar que Choice of Weapon no sólo es que sea una auténtica patada en la boca a todos esos pazguatos que creen que les gusta el rock cuando son incapaces de escuchar el equivalente musical a beberse una botella de Jack Daniels mientras sueltan hostias como panes en una trifulca tabernaria, es que además aprovechan para dejar en ridículo la pretensión de que The Cult ya no son El Culto. Cada una de las canciones que componen este nuevo trabajo de los americanos es un restallido de violencia testosterónica que nos invita a la trifulca y el desparrame, a la cultura de la masculinidad -pero, no por ello, exclusiva de los hombres- entendida como un canto a la vida y el explorar constantemente los límites de la diversión más oscura. Declaraciones apasionadas a las bellezas de las mujeres amadas, cantos al hecho de como es mejor estar vivo que morir o simples excesos que nos invitan a hacer lo que nos de la gana son el auténtico leit motiv de un trabajo tan clásico que suena necesariamente contemporáneo; no hay nada en Choice of Weapon que no nos remita constantemente a por qué amamos The Cult, pero lo hace desde unas formas que suenan tan frescas y contundentes como el primer día.

Los alocados solos de guitarra, los bajos duros como manadas de moteros peregrinando en ruta directa hacia tus intestinos y la perfecta voz de barítono de Ian Astbury, ahora un 300% más elegant redneck, nos dan un disco que se convierte en un clásico del grupo ya desde su misma gestación. Un disco juvenil, de restañar dientes y dejarse llevar por un tsunami testosterónico en el cual sólo querremos arramplar con todo el alcohol del bar mientras curtimos el lomo a los borrachos del lugar para luego volver heridos en nuestras motos a hacerle el amor salvajemente a nuestra chica toda la noche; ese es el espíritu del rock, ese es el espíritu de The Cult: un fluir restellante de furia masculina que nos conduce directamente a disfrutar la vida cada segundo, a amarla como si se fuera a acabar a cada segundo.

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