Avengers in Sci-Fi – Science Rock (2008)

por Álvaro Mortem

El pre-socrático Pitágoras, además de un filósofo importante de su época, fue un líder religioso que creía que en las matemáticas se ocultaba el auténtico sentido de lo real. Bajo esta consideración creo una escuela donde impartía sus conocimientos sólo entre aquellos que sabían geometría, la forma más alta de conocimiento según éste, como método para llegar a conocer lo real en sí mismo para así mantener su poder sobre tan valiosa mercancía -adelantando así por un par de miles de año el concepto de patente. Esto tiene mucho que ver con la música desde el mismo momento que la técnica musical tiene que ver más con las matemáticas, con el como el producir la fricción adecuada en un material específico produce un sonido dado, que con el talento artístico en sí mismo; hay música que en su afán de matematización va más allá del mero placer estético, de la catarsis que esta produce, y busca un je ne sais quoi de lo real que sólo es alcanzable desde una sistematización matemática del arte.

Dentro de esta rara avis encontraríamos a Avengers in Sci-Fi como auténticos abanderados de la matematización del sonido: todas sus canciones suenan como una ecuación perfectamente despejada en que cada nota tiene un sentido único por sí mismo. Esto sumado a su estilo marcadamente gustoso por la ciencia ficción, como ya de hecho declaman desde su mismo nombre, parece más una música hecha para ambientar una suerte de mundo alienígena más allá de la comprensión común que un grupo para escuchar de forma normalizada en la intimidad de nuestros hogares. Pero la realidad es muy diferente. Aunque su premisa es radicalmente extraña, y aunque nunca nos termine de abandonar esa sensación de extrañamiento, lo que consiguen con sus calculadísimas melodías es producir una serie de sensaciones catárticas a través de las cuales navegan con una soltura envidiable. Saltan del shoegaze a la electrónica hibridada con el j-pop más resultón sin siquiera pestañear, pero sin perder jamás el acompasamiento perfecto que restalla ante nosotros como un rayo láser de colores imposibles. No necesitan eludir al corazón, porque saben perfectamente que su baza está en el cerebro.

Si hubiera que definir este trabajo su nombre ya lo deja bien claro: Science Rock. Además de su sonido claramente matemático e híbrido, especialmente reseñable en esa pequeña maravilla del post-todo que es Ibiza Sunset, el disco está sustentado bajo la idea de que la primera mitad del disco sea un reflejo ideal perfecto de la segunda mitad del mismo; como si necesariamente tuvieran que volver a ello, todo lo que se ha oído en un tramo del disco parece volver de forma reiterativa en la segunda parte. Lo que consiguen con toda este hacer científico la música lo que consiguen los japoneses está muy lejos de desnaturalizar la música, como si de hecho por seguir un patrón matemático les arrebatará cualquier tipo de emoción o catarsis posible, sino que les conduce hasta el extremo contrario pretendido: su cerebralidad calculada es tan precisa como un reloj, lo cual produce que lleguen hasta la catarsis no desde el caos dionisíaco propio de la música sino desde la belleza apolínea asociada generalmente con las matemáticas. Es por ello que éste Science Rock se convierte en una suerte de exploración del infinito, de la auténtica naturaleza de la música y lo real, que sólo se encuentra a través de una sistematización matemática cuasi-pitagórica en la cual las habas no tienen alma pero sus canciones están henchidas de espíritu.

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