Black Dice – Mr. Impossible (2012)

por Manel Mourning

Black Dice siempre han sido un grupo peculiar que nunca ha tenido en cuenta los distintos vientos de cambio ni hacía donde giraba la veleta a la hora de componer su música. Parapetados en si mismos desde 1997, llevan quince años haciendo literalmente lo que les da la gana mientras desfilan por sellos tan variopintos como Three One G, Fat Cat, DFA, Paw Tracks, Troubleman Unlimited o Ribbon Music en el caso de este Mr. Impossible. Desde sus primeros discos más ruidistas, desquiciados pero cómodamente accesibles, hasta aquellos ramalazos juguetones con drones y loops que suavizaban la escucha, Black Dice han utilizado todo lo que han querido, desmarcándose del momento y del ojo del huracán que es Brooklyn, su ciudad adoptiva. El autismo deliberado que toman como estandarte y como escudo les ha permitido no domesticarse en ningún momento, ni siquiera en su fichaje por Domino, y con Mr. Impossible vuelven a repartir ráfagas de beats locos y kilos de distorsión.

Su primer disco en Ribbon Music es instintivamente más accesible que sus anteriores trabajos, pero siguen tan asilvestrados como siempre. Ni Domino ha conseguido que su sonido se gire hacia lo convencional, aunque las primeras escuchas de su nuevo trabajo puedan llegar a parecerlo. Mr. Impossible está lleno de ritmos y patrones habituales que se repiten y dan esa sensación de música cercana a la electrónica más perturbada. Incluso se permiten el uso de estribillos y voces ordinarias que, pervertidas con sus efectos correspondientes, nos vuelven a poner en nuestro sitio al mínimo intento de buscar palabras racionales para definir esta locura que realmente tiene poco de accesible. Esa facilidad que nos sorprende al principio se va convirtiendo en una cabalgata de ruidos y ritmos extraños que nos taladran el cerebro y entonces es cuando llega el momento de escoger: Todo o nada. O nos quitamos los auriculares y nos ponemos un disco de Enya o subimos el volumen al máximo y nos volvemos turuletas con ellos, bailando en los semáforos y moviendo los brazos mientras compramos el pan, ajenos a la humanidad que nos rodea y transformándonos en infectados del ruido. Los beats de Black Dice no hacen prisioneros así que la lucha es a muerte.

No es difícil adivinar que un directo de Black Dice puede ser una montaña rusa de violaciones de tímpano y despeines de cerebelo. Un momento en el que los miembros de la banda aprovechan para soltar toda esa inquina sónica que llevan dentro para llevarnos al cielo. Pues bien, tenemos suerte porque hacía finales de verano los tendremos por aquí.

Black Dice – Mr. Impossible

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