That’s not my name. El debate nominalista en el ámbito musical.

por Álvaro Mortem

Aunque en España tengamos el dudoso honor de que a nuestro señor presidente le parezca que los debate nominalistas sólo son válidos cuando se trata de prohibir que dos personas del mismo sexo hagan lo mismo que pueden hacer dos personas de sexo diferente, hay cierta necesidad de abordar ciertos debates nominalistas por como nos afectan de una forma directa. El principal debate nominalista que posee dentro de sí el ámbito puramente musical es uno que, por otra parte, redunda en la más absoluta de las obviedades: ¿cuando un grupo determinado deja de ser tal grupo para convertirse en otro? Vayamos a un ejemplo específico, cuando muere Ian Curtis el resto del grupo decide seguir tocando. pero sin embargo abandonan el nombre de Joy Division para pasar a denominarse con el mucho menos sugestivo nombre de New Order, ¿por qué? Porque de hecho creen que Ian Curtis es el alfa y el omega del espíritu que atraviesa la música de Joy Division y, seguir manteniendo ese nombre, sería mancillar la historia que han creado con él. Es por ello que podríamos reformular la pregunta de otro modo, ¿cuando es legítimo que un grupo siga llamándose igual cuando algo ha cambiado, de forma más o menos radical, en su seno?

La respuesta, aunque obvia, es problemática. Es obvia porque de hecho parece evidente que debe cambiar cuando lo que hacía que el grupo tuviera una personalidad específica se pierde por el camino, por ejemplo, en el caso de Joy Division, que ante la muerte de Ian Curtis pierden el distintivo rasgo de la engolada voz del de Stretford -que, en último término, sería el mismo caso de por qué Type O Negative se acabó con la muerte de Peter Steele; si un grupo pierde una de sus señas de identidad esenciales, no tiene sentido que se siga denominando del mismo modo. El por qué es problemático, a partir de la definición anterior, es una obviedad ya que por cada grupo que tiene unos rasgos distintivos muy marcados que de abandonarse perderán todo su sentido, hay una infinidad que esos rasgos pueden entrar dentro de un debate tan largo como estéril. ¿Acaso no podrían haber seguido siendo Joy Division si aun permanecían los gordísimos bajos de Peter Hook? Quizás sí, pero para muchos hubiera supuesto un sacrilegio tan indigno como vomitivo.

El problema nominalista es que cada grupo se llama de un modo por algo, asociamos el sonido de un grupo con su nombre. Joy Division con el bajo de Peter Hook pero sin la voz de Ian Curtis no sonarían como se supone que debería sonar el grupo que dejó huertano éste con su suicidio, por eso acometieron la inteligente labor de desprenderse del nombre para convertirse en New Order; el asumir un cambio nominal, el cambiarse de nombre cuando las circunstancias vitales han cambiado de forma notoria, es una demostración de auto-consciencia sobre la música que produce; Peter Hook sabe que Ian Curtis es Joy Division, no él. Ahora bien, a estas alturas ya debemos tener todos en mente un caso particularmente polémico del cual se podría discutir de forma sistemática que ese nominalismo es atroz: los Misfits.

El grupo pionero del horror punk, padre putativo del punk como deceso y hostia en la cara con ataúd de imperdibles, comenzó con el siempre brillante Glenn Danzig que no tardaría en desaparecer en favor de Michael Graves, ¿debería haber cambiado el nombre del grupo con el cambio de vocalista? Ni por la más remota de las casualidades. El sonido de Misfits era tan particular que se sostenía por sí mismo, independientemente de las particularidades vocales de Danzig, evolucionando de una forma pluscuamperfecta a la llegada de Graves; el paso de Danzig a Graves no determinó un cambio radical en el grupo, sino una evolución natural del sonido. El problema es que tampoco durará el bueno de Graves, después de firmar la que quizás sea la mejor etapa del grupo en su historia, ante lo cual no tardaría en sustituirle el no tan bueno de Jerry Only, ¿debería haber cambiado el nombre del grupo con el (segundo) cambio de vocalista? Rotundamente sí, porque de hecho el sonido de Misfits se vio comprometido en una serie de discos lamentables que carecían de cualquier clase de genio o personalidad; si aceptamos a Graves por Danzig pero no a Only por ninguno de estos es porque estos comprendieron el auténtico espíritu del grupo y lo llevaron hasta sus últimas consecuencias, Only no.

Es por ello que los debates nominalistas dentro del ámbito musical, además de completamente estériles, son extremadamente apropiados. No nos costaría dilucidar porque tal o cual grupo deberían haber cambiado el nombre cuando ha ocurrido algo tan significativo que ni siquiera ya parecen ellos, pero ante la imposibilidad de que nuestra opinión influya en algo sí tiene una función esto: conseguir dilucidar quien era el auténtico espíritu de la banda. Joy Division era Ian Curtis del mismo modo que Misfits eran Glenn Danzig o Michael Graves, y sin ellos carece de sentido que sigan llamándose así sus grupos – lo cual, a su vez, nos lleva a la paradoja de que Balzac, grupo japonés que nació como tributo a los Misfits, ha acabado recogiendo el espíritu del grupo sin tener de facto su nombre; el nombre no lo hereda quien más lo merece, sino quien más sabe imponerlo como su ley: Jerry Only es el heredero legal del nombre, pero Balzac son los deudores espirituales de éste. Por eso no duden que aunque haya grupos que se hacen llamar de un modo no son, ni remotamente, quienes dicen ser, pues sólo serán los maniquís articulados de los restos cadavéricos que dejó el auténtico espíritu del grupo original.

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