Kyary Pamyu Pamyu – Pamyu Pamyu Revolution (2012)

por Álvaro Mortem

Aunque en ciertos círculos se considere legítimo el desprecio absoluto hacia el pop este no es un comportamiento esnob, es simplemente un prejuicio idiota. Como cualquier otro género el pop cultiva auténticas miriadas de mierda inefable producidas para el consumo industrial, creada por la medida justa producida por un departamento de marketing deseoso de triunfos, pero también tiene grupos que han conseguido sobrepasar todo límite de su propio género. Si nos interesa en particular esto al respecto de Kyary Pamyu Pamyu es porque esta misma consigue crear una condición fáctica de superación de todos los límites estrictos de por donde se supone que debe encaminarse el género en sus aspectualizaciones ya no sólo particulares, sino en la generalidad misma de su sonido, aun cuando un oyente no versado en los peculiares sonidos japoneses seguramente no lo comprenderá.

En una sociedad dominada por una Lady Gaga que se le supone regidora de los freaks -hecho claramente ficticio, pues sus monsters son, en el mejor de los casos, los que se hacen los raritos y no los raros en sí- la entrada en plantel de Kyary Pamyu Pamyu es una auténtica revolución. Poco más de dieciocho años, tendente hacia un estrambótico vestuario de colores y formas imposibles además de famosa por su proclive postura hacia lo grotesco físico hacia su propia persona; el interés primero de Kyary es la creación de un contexto post-capitalista, pues de revolucionario tiene poco, en el que sí hay una auténtica integración de lo grotesco en su sentido más absoluto y real dentro del más puro mainstream; Kyary Pamyu Pamyu es al pop lo que Slavoj Žižek a la filosofía: una rara avis que abre tanto la recepción como la disciplina a otros caminos antes inexplorados -siendo Kyary a su vez mucho más apreciable en el plano estético que su contrapartida eslovena. Sólo desde esta presunción podremos entender por qué el trabajo de la japonesa no sólo está muy por encima de las expectativas creadas con sus, por otra parte fantásticos, videoclips, sino que además consigue redefinir los códigos estéticos propios del género en sí.

El por qué del triunfo absoluto de este trabajo sobre sus propias premisas no cae sobre Kyary en sí, o no en primera instancia, ya que esto recaería en la labor de su productor Yasutaka Nakata. En esta ocasión Nakata ha conseguido articular un discurso estético similar al de siempre, redundando en un electropop sencillo pero coqueto, en el cual ha reforzado la extrañeza del sonido que debe acompañar a la imagen de Kyary a través de elecciones forzadas y extrañas dentro de los efectos electrónicos; es tan peculiar el aspecto de Kyary que como suena la propia música a la cual está atada. Pero incluso así no dejan de ser canciones pop sencillas, con arreglos house de producción interesante en algunos casos, que ocultan lo que es en último término Kyary Pamyu Pamyu: una artista pop que ha sabido explotar de una manera eficiente un terreno aun practicamente virgen: un discurso estético kawaii.

A partir de aquí podemos encontrar arreglos propios del shibuya kei más cercano al picopop en algunas canciones mientras que otras se ajustan sobre la férrea estructura de un bling bling pop, un pop kawaii, basado en el efectismo de que todo parezca y suene increíblemente mono. Pero es que de hecho es mono hasta la más profunda de la catarsis. Es por ello que el hecho de que el disco se llame Pamyu Pamyu Revolution no es una exageración o una concesión de mercadotecnia, sino que de hecho lo que hace en éste trabajo la japonesa es una revolución de lo kawaii tan perfecta que no tendría sentido pretender ocultarlo bajo otra premisa. Kyary en éste trabajo lleva la idea misma del pop hasta otro nivel con un trabajo simplemente exquisito en todos los niveles, demostrando que lo que consiguió perfeccionar de forma sublime en sus singles originales -y, particularmente, en PonPonPon– no fue chiripa sino un meditado ejercicio estético que es la síntesis perfecta de la estética dominante dentro de un Japón que cada día llama más fuerte a reclamar su trono como faro guía del devenir humano. Es por ello que hoy ya Lady Gaga debería abandonar su trono de reina del pop, pues su vestido de carne yo comienza a apestar a podrido, para dejar paso a la jovencísima reina del pop kawaii.

One Comment to “Kyary Pamyu Pamyu – Pamyu Pamyu Revolution (2012)”

  1. Está muy molón tu análisis, pero, ¿era necesario lanzar pedacitos de mierda a Lady Gaga?, yo creo que no.

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