Diabolicum – The Dark Blood Rising (The Hatecrowned Retaliation) (2001)

por Xabier Cortés

¿Puede un disco ser Maligno? ¿Puede un álbum inspirar temor en cada uno de sus rincones? ¿Puede un disco ser peligroso para la sólida estructura que sostiene el sistema de valores de una sociedad en claro declive? ¿Es posible que el odio más puro e inmaculado se de cita en un sólo disco? Sí, se puede, y este The Dark Blood Rising (The Hatecrowned Retaliation) es una prueba más de ello.

A principios de la década pasada la escena blackmetalera se estaba convirtiendo en un aburrido y monótono desfile de copias descafeinadas y bandas mediocres -pero con un impecable maquillaje y un estilismo propio de los mejores producciones hollywoodienses– apropiándose de los antiguos estandartes que una vez convirtieron al black metal en un peligro público y pisoteándolos impunemente. Parecía que estaba todo perdido, que la esencia se había perdido en pos del fast food musical más vergonzoso pero no, en 2001 se dieron una serie de circunstancias -en forma de lanzamientos discográficos, no penséis en otra cosa- que revalorizaron la maltrecha y casi herida de muerte escena blacker. En ese año vería la luz el primer bofetón de los británicos Anaal Nathrakh, el infravalorado y vapuleado The Codex Necro; también sería el año del alumbramiento del fantástico New Age Viral Order de los transalpinos Thee Maldoror Kollective, ahora renombrados como T/M/K Textbook of Modern Karate para dar rienda suelta a sus orgías avant-garde; y, por supuesto, fue el año en el que apareció este Ascenso de la sangre oscura de los suecos Diabolicum.

¿Qué elementos decidió añadir Diabolicum a su impía base heredada del sonido crudo y directo del Deathcrush de Mayhem y del Transylvanian Hunger de Darkthrone? Sólo les hacía falta incorporar un ingrediente: la electrónica, tomada en el más amplio sentido de la palabra. Aún a riesgo de convertirse en diana de los talibanes trve de turno cosa que consiguieron, ¿electrónica en el black metal? a quién se le ocurre, ¿verdad? Diabolicum concluyeron que su música necesitaba nutrirse de los cortes quirúrgicos y los ritmos mecánicos que lleva mamando la música electrónica e industrial desde sus comienzos. Pero no se queda ahí, también te darás de bruces con unos blastbeats veloces acentuados por esa antiaérea caja de ritmos que se acerca al sonido de los lusos Corpus Christii. Pero si hay algo que supura en este disco, si tuviéramos que definirlo utilizando una sola palabra esta sería: inhumano. No te hace falta escuchar más que los primeros segundos del pistoletazo de salida, esa declaración de intenciones de nombre March Of The Misanthrophe, para que la sensación de que no ha intervenido la mano humana a la hora de crear semejante obra te recorra la columna vertebral. Inhumanidad omnipresente, acechando en cada segundo y que manifiesta su genialidad en los arreglos que dotan de una membrana sintética y enfermiza propias de los MZ.412 más crudos. Las guitarras, afiladas, también gozan de su cuota y sostienen las canciones formando un entramado contundente e incluso se atreven con algunos punteos como harían un par de años después Aborym es su With No Human Intervention. Diabolicum consiguió condensar todos estos elementos en un disco, un trabajo que ayudaría a asentar el black metal industrial. Y de qué forma. The devil is in the details y Diabolicum se lo ha tomado al pie de la letra. Amén.

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