Vinterriket – Landschaften ewiger Einsamkeit (2004)

por Xabier Cortés

Si bien cuando hablamos de dark ambient rápidamente vienen a nuestra mente imágenes de parajes artificiales abandonados, fotografías de construcciones derruidas en cuyas paredes la pintura agoniza y se precipita hacia un suelo cubierto por una gruesa capa de abandono. Tenemos que dejar un hueco para aquellos sonidos que nos acercan a otro tipo de escenarios y dejar de lado esas imágenes de civilizaciones destruidas por su propia arrogancia que ciegan nuestros sentidos. Debemos liberar nuestras mentes de toda influencia de la Civilización, del mundo moderno y dejarnos transportar a esos lugares en los que las leyes humanas no tienen cabida. La vuelta a las raíces, abrazando a lo primigenio, el regreso a la naturaleza; a esa naturaleza dura, fría e inquebrantable en el que cada minuto es una lucha a vida o muerte.

Todo esto es, precisamente, lo que reivindica Vinterriket en Landschaften Ewiger Einsamkeit, «Paisajes eternos solitarios» en una traducción más que libre y algo torpe. Los seis homenajes a la cara más oscura de la naturaleza que completan este álbum no son más que el resultado de la absoluta devoción que Christoph Ziegleralma mater exclusiva de este proyecto alemán- siente por los ambientes oscuros. Para esta ocasión, Ziegler, ha dejado de lado su faceta black metal de anteriores trabajos como Winterschatten -ese impoluto black metal ambiental y atmosférico- y vuelve a explotar los sonidos más lentos pero igual de oscuros, como ya hiciera en …und die Nacht Kam Schewern Schrittes. Todo lo que oirás en este disco te hará desplazarte irremediablemente al claro de un bosque en plena oscuridad, aquí no hay espacio para interrupciones artificiales propias de esa otra rama del dark ambient amante de los paisajes claustrofóbicos, apocalípticos e industriales, no. Aquí se respira pureza, notas la humedad flotando en el ambiente y el terreno inestable y blando sobre el que apoyas tus pies mientras te adentras más y más en la espesura incierta del bosque sin saber -ni poder- ver más allá de lo que la luna ilumina con torpeza. Son los sonidos de los fenómenos naturales más aterradores los que cobran protagonismo en este paseo solitario: un soberbio vendaval que va tallando las ramas de los árboles mientras las nubes se concentran sobre tu cabeza para descargar su ira en forma de orgía eléctrica. No hay lugar para cobijarse, no importa la velocidad con la que empieces a correr, según te adentras más y más en este bosque al que Vinterriket rinde pleitesía, más lejos estarás de encontrar un refugio en el que resguardarte de todo el arsenal que despliega Ziegler, convertido aquí en una extraña personificación de alguna incierta deidad de los bosques.

Este álbum refleja de forma categórica y en tan sólo seis pasos la inmensa capacidad de abstracción con la que cuenta Ziegler. Resulta harto complicado liberarse del sonido metálico que ha caracterizado un buen número de trabajos de Vinterriket y desviarse ligeramente para seguir explorando un terreno en el que sin duda se encuentra cómodo y en donde puede seguir dando forma a esa continua búsqueda de la oscuridad más pura y virgen sin artificios ni influencias externas.

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