Anorexia Nervosa – New Obscurantis Order (2001)

por Xabier Cortés

Si nos detuviéramos a enumerar los proyectos musicales que hacen uso en su obra -o en part de ella- del siempre recurrente Nihilismo, podríamos dividirlos en dos grandes columnas: por un lado se encontrarían aquellas bandas amarradas al mercadeo y al show business, carentes de todo significado en el que ese «Nihilismo» no es más que otro complemento estético más a ese producto que quieren llamar arte. Sin embargo, en el lado opuesto a esos productos desechables y prescindibles, se encuentran aquellos proyectos que abrazan el nihilismo más puro -ése que nos sitúa en una gran X fuera del camino-, aquello que huyen de la pose para acercarnos su visión con toda la crudeza y brutalidad que un concepto tan potente requiere. Y es aquí donde Anorexia Nervosa clava su estaca.

Ya desde el principio estos franceses nos exigen un ejercicio de inteligencia para analizar el por qué de la elección de un nombre tan -a priori- efectista. Todo lo que rodea a Anorexia Nervosa es honestidad por lo que no cabe hacer más análisis que el de entender la elección de este nombre como una muestra más del profundo concepto nihilista sobre el que se sostiene este proyecto. ¿Por qué Anorexia Nervosa? ¿Acaso este implacable desorden alimenticio que tiene como meta la Nada más absoluta y literal no es una forma más de brutal de nihilismo? Efectivamente, no es una casualidad. Cada uno de los gritos que compone este álbum -y, por supuesto, el resto de la discografía de estos franceses- es un alegato de puro odio, un manifiesto misántropo crudo que hace objetivo en todos y cada uno de los estamentos de la sociedad. No hay piedad. Cuando los primeros segundos de Mother Anorexia -con ese frenético preludio orquestal- invaden la estancia, no hay vuelta atrás. En el mismo instante en el que un antiaéreo blastbeat y unas desgarradas guitarras se presentan ante nosotros quedas paralizado. Anorexia Nervosa te posee y te convierte en un sumiso más de su embrujo nihilista. No te dejes engañar por la experta utilización de elementos sinfónicos en su perfectamente elaborado y furioso black metal, estos elementos no hacen sino apoyar y enfatizar el carácter dramático de esta obra, dramatismo que llega a su climax en la maravillosa versión de uno de los preludios compuestos por el genio Rachmaninoff -concretamente el Preludio Op. 3 Nº2 en Do # Menor– titulada Hail Tyranny para la ocasión. Anorexia Nervosa nos convierte en una especie de clon de la Justine descrita por Donatien de Sade -sí, el Divino Marqués, venerado por los miembros de Anorexia Nervosa hasta límites insospechados- recorriendo los pasillos más perversos de la psique humana mientras lo prohibido, lo tabú y el odio más puro nos tienta con sus artimañas para alejarnos del camino y situarnos en esa X fuera de él.

No descubro nada si afirmo que Anorexia Nervosa completa el Olimpo del black metal sinfónico junto con Emperor y Limbonic Art. Es innegable el impacto que estos dos monstruos noruegos han tenido en el sonido de los franceses pero, al contrario que el sinfín de clones que se arrastran por la escena, ellos han sabido asimilar estas influencias añadiéndole nuevos matices y consiguiendo un sonido propio. Viva la France.

“Quand on m´aura prouvé la sublimité de notre espèce, quand on m´aura demontré qu´elle est tellement importante à la nature que nécessairement ses lois s´irritent de sa destruction, alors je pourrai croire que cette destruction est un crime.”

Donatien A.F. de Sade

Anorexia Nervosa – New Obscurantis Order (2001)

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