El Inquilino Comunista – Bluff (1995)

por Álvaro Mortem

Si hay algo que se pueda considerar más imbricado dentro del pensamiento español que el desprecio hacia cualquier forma ajena de la existencia es el propio auto-desprecio que se masca en cada impresión que se tiene sobre lo que se hace en el propio país, y la música no es una excepción. A pesar de ensalzar a grupos mediocres como Los Planetas -a los cuales, pese a todos, hay que reconocerlos un par de discos inspirados- la realidad es que si no florece ningún grupo que pueda considerarse fuerte o con proyección internacional es porque el español medio siempre elegirá al extranjero sobre el patrio; el inglés siempre será mejor que el español, aun cuando luego se sentencie la imbecilidad radical de los ingleses. Si nadie es profeta en su tierra, en España sólo se puede ser apestado.

Siguiendo esta lógica tan nuestra es comprensible que El Inquilino Comunista jamás cosecharan un éxito notable en nuestras fronteras, menos aun establecerse como grupo a rescatar como parte de una ola de grandes grupos del pasado, sino que todo éxito comercial se le fuera reconocido (modestamente) en Inglaterra; un grupo cantando en inglés cuyas influencias van desde Sonic Youth hasta Dinosaur Jr. pero que se permiten tener una personalidad propia y un carácter arrollador no basado en el más soporífero de los acontecimientos es algo que jamás podía ni podrá ser aceptado por el español medio: si en España surgen grandes grupos, al menos que sean aburridos -parecería decir más de un productor y crítico musical de éste país de pandereta. Sin embargo estos oriundos de Getxo, coetáneos de los siempre cuestionables (y cuestionados) Los Planetas, serían la antítesis perfecta del aburrimiento al trufar todas sus composiciones de guitarras de aires shoegaze en su íntimo ruidismo, sus bajos sencillos pero bien redondeados y unas letras en inglés que los hacían -y, por desgracia, hacen- inteligibles para una generación cuyo nivel de inglés está tan oxidado como los restos del Titanic.

Con todo esto, ¿cómo podría haber triunfado o siquiera ser recordado un grupo? Nunca llegaron hasta un nivel como para poder codearse con unos Sonic Youth o unos The Pixies, claro que tampoco tuvieron sus recursos ni sus posibilidades, pero sin embargo consiguieron un tímido éxito fuera de nuestras fronteras que ha conseguido que aun hoy se les recuerde con el cariño que sólo se le puede profesar al primo pobre: todo lo que no tiene de dinero, lo tiene de imaginación y desparpajo. Y eso se les nota. La vivacidad y sencillez con la que cubren sus defectos de sonido o su falta de referentes, mediada por la imposibilidad caustica de tener referentes musicales internacionales en los 80’s y en los 90’s en condiciones -generación Youtube, aunque no lo creáis, en otro tiempo la gente no conocía el último éxito indie de Azerbayan-, les suma un encanto imposible que acaba por eclipsar esa ausencia de grandes valores que tanto fascina aun hoy a la inmensa mayoría de los consumidores de música. Sencillez, trabajo duro y muchas ganas de hacer lo mejor posible un trabajo que es, en sí mismo, imposible de llevar a buen puerto -o lo que es lo mismo, fuera de España– les hizo hundirse en el mar de la mediocridad que rodea, ya incluso involuntariamente, la piel de toro. La tristeza es que ellos eran buenos y que, por eso mismo, es por lo que hoy tenemos que hacer de espeleólogos submarinos para poder hablar de sus logros.

6 comentarios to “El Inquilino Comunista – Bluff (1995)”

  1. Te has cubierto de gloria con lo de Los Planetas, Mortem. No se puede juntar en un artículo más referencias misántropas forzadas, y mira que a veces lo he intentado. Buen grupo, en todo caso.

    • Ante la imposibilidad de ver referencias misantrópicas, mucho menos forzadas -¿o se refiere a mi impresión de que en España es imposible que un grupo (como Dios manda) sea reconocido por la idiosincrasia de auto-desprecio imperante? Entonces no sólo yo soy misántropo, lo es la gran mayoría de intelectuales españoles de la historia-, me centraré en lo que hemos repetido ya hasta la extenuación: hacemos crítica, es subjetiva y no tiene porqué coincidir con la valoración objetiva de hechos per sé; no me gustan Los Planetas, con un par de honrosas excepciones, y me resultan una lacra que conforman el aburrimiento más abyecto (además de dejar bastante que desear como grupo). ¿A usted le gustan J y sus adalides? Enhorabuena, pero no pretenda meterme sus obsesiones por el culo.

      No me he cubierto de gloria porque quién viene aquí, donde tenemos una linea editorial muy clara y bien explicitada en el tiempo, sabe a lo que se enfrenta. Si en el futuro se dice que Vetusta Morla o Love of Lesbian son un cáncer musical, no se extrañe, es que esa es la linea editorial de esta santa casa. Todo lo demás, ladridos.

  2. Sé cuál es la línea editorial de Studio Suicide, entro a leer desde que se fundó y estoy en mi derecho de decir en un comentario que mis obsesiones imperan más que las tuyas. Al menos en los comentarios. De lo contrario sería yo el que publicaría el artículo. A menos que empecéis a censurar, algo que no creo que hagáis, por suerte.

    Si dices que un grupo como Los Planetas es soporífero, te expones a que te repliquen los admiradores poco templados como yo. Las referencias forzadas hacen referencia al abuso de adjetivos/sustantivos como “soporífero”, “mediocridad”, “populacho”, “imbecilidad”. Créeme, no soy el mayor admirador ni de la sociedad ni de la esencia de las personas, pero especialmente en este artículo el aire a superioridad sobre todo ser vivo atufa un poco. No te lo tomes a mal. Estoy seguro de que, si es cierto que has leído a la gran mayoría de intelectuales españoles de la historia, cosa que no tengo por qué dudar, y si relees el artículo, te darás cuenta de esto. Ya no sólo por un tema de contenido, sino por simple criterio estético. Claro que tú puedes escribir como te salga de los cojones, igual que yo lo hago donde escribo.

    Tampoco te tomes esto muy a mal, seguramente te importa poco lo que pueda opinar, y si en cualquier caso me tomo la molestia de escribir es porque hay cierto interés en lo que sueles escribir, esencialmente sobre buena música.

    • La censura, salvo casos muy extremos donde esté justificado el editar o no aceptar los comentarios -enlaces hacia material ilegal, insultos personales, etc.-, no es una opción en esta santa casa.

      Usted tiene pleno derecho a réplica, y lo agradecemos, pero igualmente me reservo el derecho a contraréplica si decide usted asumir tal opción. Es por ello que también le digo que no hay pretensión de superioridad alguna en el texto, aunque lo parezca, por lo mismo que he dicho antes: toda impresión que he dado es subjetiva, nunca objetiva -y, por extensión, no pretendo imponerla a nadie. No soy fan de la masa, ni de la española ni de ninguna otra nacionalidad, igual que sí lo soy de algunos individuos en particular, por ello la pretensión misantrópica aun cuando se pueda translucir (y yo sigo sin verla) no es intencionada. Aunque en el término populacho si me parece un feo innecesario fruto del descuido; lo corregiré, además de dar un repaso general al conjunto.

      Sea como fuere se agradece su comentario, especialmente si está tan bien fundado como éste, pues toda crítica constructiva es válida para poder ir mejorando día a día. Y no se preocupe por las aliteraciones, es lo que tiene escribir un comentario donde la revisión es preocupación menor (¡y a todos nos pasa!).

  3. Releyendo mi comentario encuentro tres repeticiones de palabras/expresiones bastante flagrantes. A este tipo de cosas me refiero cuando hablo de criterio estético. Menos mal que no soy yo quien publica los post. En cualquier caso no se puede editar el comentario, así que aquí queda esta avergonzada evidencia.

  4. Si no se puede se prepotente, no es mi revolución. Los planetas me tocan el coño.

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