Oscar Mulero – Black Propaganda (2012)

por Álvaro Mortem

Aunque sería fácil achacar el completo desprecio hacia los músicos españoles por parte de la crítica del país al claro prejuicio contra todo lo que provenga de éste salvo ellos mismos, la realidad es que el vacío más o menos sistemático que se le hace a Oscar Mulero deviene más por músico de techno que por español; si hay un género que es apartado, dejado al margen y siempre observado con sospecha, anulado incluso para la posibilidad de crítica abierta hacia él, ese es el techno. Es por eso que no debería extrañarnos el continuo desconocimiento de la crítica, no digamos entonces del público, ya no sólo de las diferentes progresiones fecundadas dentro del género sino, de hecho, incluso de los principios regidores esenciales de un género en el cual hay una cantidad de tela por cortar que excede la imaginación de cualquier crítico al uso demasiado convencido en su necesidad de poner en un pedestal al enésimo moderno haciendo electrónica para enteradillos.

Pretender ver en el último trabajo del madrileño alguna clase de connotación de esto sería una lectura espuria del mismo, aun cuando de hecho podría ser una lectura subyacente (extrema) de éste: la manipulación mediática de la información en la contemporaneidad. Como en todo buen trabajo de techno, especialmente en un caso como el que nos ocupa, donde no esconde su beber de la fuente de Regis en particular y Downwards Records en general por su giro hacia querencias más oscuras, la música nos suscita una idea que el título nos confirma en un ejercicio de forma conformando una idea por sí misma; la idea de la manipulación extrema que sufrimos en la información de diario no se encuentra ya en los títulos, sino en el propio devenir oscuro que ha sido dado en la música de Mulero: la forma enfatizando los cambios más bruscos, los sonidos de aristas afiladas y el ritornello sonoro-temático de la oscuridad latente son la carta de presentación de ese mensaje subyacente en su propia forma. Independientemente del título de las canciones, que en cualquier caso nos sirven de perfecta guía de la intencionalidad de Mulero en su composición, la sensación que nos transmite el trabajo es el de un sentimiento de constante ahogo por un exceso con el cual somos incapaces de tratar de forma conveniente, exactamente la misma sensación que sentimos al enfrentarnos con el exceso informacional de nuestro tiempo.

No sólo el medio es el mensaje, pues la forma también debe llegar a serlo. Es por eso que el sonido asfixiante configurado en éste trabajo sería el mensaje que pretende transmitir en todas sus configuraciones y consecuencias posibles, incluso permitiendo a su vez una interpretación diferente de la aquí expuesta, siendo su forma lo más próximo, al menos en apariencia, a la lógica interna del propio disco. Es por eso que las clásicas críticas al techno de ser una música sin sentido, chunda-chunda sin posibilidad de evolución, o de poseer una absoluta incapacidad de transmitir ninguna clase de información —aunque esta última sea una crítica más bien ampliada a la electrónica en su conjunto— se desvanecen a través de la sólida coherencia aquí desplegada, sólo superada por el buen hacer perfeccionista de Mulero que, lejos de conformarse con la mera repetición sin diferencia, conforma una evolución coherente de su sonido a través de una apuesta arriesgada pero exquisita a través de la cual seguir explorando los límites de un estilo absolutamente personal como el suyo. Porque el techno está en las antípodas de ser un discurso agotado en tanto, más bien, sigue escribiendo la marginalia de la electrónica ignorando las estupideces pseudo-críticas de aquellos que no entienden su magnificencia.

2 comentarios to “Oscar Mulero – Black Propaganda (2012)”

  1. Viví de rave en rave desde el 98 al 01, más del 50% de dichas raves eran free partys en okupas en Holanda y me sorprendía como allí reconocian a Oscar Mulero como jamás se le reconoció en España, aquí la gente consumia sus directos (muy buenos discos pero mal pinchados) y en Holanda la gente consumia sus grabaciones con cajas de ritmos (un terreno en el que nunca fué el mejor pero desprendia un total respeto por lo que un marcado 4/4 es).

    • En Europa hay en general muy poca preocupación por la procedencia mientras el material sea bueno, especialmente si hablamos de círculos más o menos underground en los cuales cualquier disposición de comercialidad o proteccionismo patrio resultan una completa imbecilidad. Otra es que, claro, sea mucho mejor haciendo sus discos que en directo —cosa que por desgracia no te puedo rebatir, nunca lo he visto en directo—, ¡pero es que es innegable que tiene discazos!

      Un saludo.

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