Stille Volk – Maudat (2003)

por Xabier Cortés

Hay una característica que sobresale de todo trabajo musical que se engloba dentro del género medieval -el Medieval con mayúscula, no esos pastiches adoradores de la cerveza y adalides en el dudoso arte de engullir toda suerte de alimentos con las manos- y esta es: la automática conexión que establece entre esa parte oscura de la historia europea, en la que la desesperanza y el miedo se hizo fuerte, con nuestro ser más elemental y primigenio. Aquí no hay sitio para eternas y bailables odas a la cerveza, tampoco ha lugar para ese sonido inmaduro, lleno de clichés y profundamente irrespetuoso con lo que intenta representar que caracteriza a un buen número de bandas que copan los titulares en las revistas «especializadas» en la música y cultura oscuras. No, afortunadamente hay un cierto número de proyectos en los que se respeta y se homenajea a la esencia de este periodo de nuestra historia y Stille Volk es uno de sus más brillantes exponentes.

Los franceses Stille Volk huyen de la falsa teatralidad de los saltimbaquis y bufones aduladores del señor feudal, se esconden de los lujos de la corte y no quieren saber nada de las aberraciones que se cometen dentro de las murallas del castillo. Stille Volk hunden sus pies en un campo embarrado, rodeado de gentes cuyas caras han sido esculpidas por el agotamiento y el esfuerzo físico que representa labrar para sobrevivir. Stille Volk se posiciona junto al pueblo llano, que es en dónde se materializa la verdadera y pura esencia de las gentes que vivieron aquella época. Maudat nos sumerge de lleno en esas aldeas grises y malolientes en las que la esperanza ha dejado de existir y todos los esfuerzos se centran en cumplir con los arrebatos megalómanos del terrateniente de turno. Stille Volk quiere formar parte de este pueblo masacrado y anulado y quiere recuperar esos viejos sonidos que amenizaban y daban algo de descanso a esas personas temerosas de Dios y de su Señor. Cada una de las diez canciones de Maudat se descubre como una honesta ofrenda al sacrificio y al espíritu de la región de Occitania, no sólo por la utilización del idioma de esta región sino por el homenaje a esas creencias panteístas y paganas que se mantenían ocultas y a esos cantares a la Naturaleza y, por supuesto, a la Muerte. Viejos ritos y antiguas costumbres que se dan la mano en Maudat adquiriendo la forma de un Leviatán medieval-folk sincero à la Gaë Bolg And The Church Of Fand o Ataraxia con composiciones pausadas, lejos de ese frenesí propio de las grandes celebraciones de la Corte y haciendo un uso exquisito de una colección envidiable de recursos instrumentales arquetípicos del género; gaitas, mandolinas, flautas, dulcémele y un amplio etcétera, que no hacen sino dotar de veracidad a todo el concepto que se esconde tras el complejo sistema que ha construido este dúo francés.

Ha llegado el momento de desenmascarar a los impostores que usurpan al género medieval folk de su verdadera esencia, es la hora de devolver a esos pastiches dignos de la ferie medieval más casposa -y financiada con dinero público, por supuesto- al lugar del que nunca debieron salir. Tenemos el deber de restaurar el honor de esos proyectos que, como Stille Volk, hacen sinceros esfuerzos por traer a este siglo XXI el espíritu medieval que yace durmiente en todos y cada uno de nosotros.

Stille Volk – Maudat (2003)

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