Hüsker Dü – Metal Circus (1983)

por Álvaro Mortem

Si nuestro nacimiento no tiene por qué determinar nuestra personalidad, ni siquiera cuales sean nuestros primeros hitos vitales obtenidos —véase el caso de Georges Bataille, recordado por filósofo pero aplaudido en primera instancia por sus trabajos en numimástica—, entonces sería ilegítimo exigir que un grupo tenga que definir en un primer asalto cuales serán sus constantes personales radicales a lo largo de su existencia. La evolución hasta el lugar donde uno se siente realmente cómodo puede ser dificil, incluso traumática, pero rara vez llega en un primer acercamiento hacia el mundo real que supone alcanzar algunos logros tempranos en la existencia. Es por ello que hay casos en los cuales un primer disco no es más que un hito más, siendo algún trabajo posterior el punto donde podemos rastrear el auténtico devenir musical de un grupo determinado; este es el caso de Metal Circus de Hüsker Dü.

Aunque es un trabajo que se presenta como aun próximos a su hardcore primerizo altamente combativo la realidad es otra bien distinta, pues esconde dentro de sí el germen de su deriva melódica que se apoderará del grupo al constituirse en unos cánones más próximos a un post-punk dulcificado. Ahora bien, no hay nada en las primeras canciones de éste EP —que oculta sus intenciones hasta el punto de constituirse en forma de EP para lo que es, en esencia, un CD— que nos haga pensar en ese devenir que precognizamos: brutalidad punk, punteos estocásticos, gritos de macho alfa vomitando el hígado contra el sistema y una grabación digna del más cochambroso garaje de la Bay Area. Es a partir de It’s Not Funny Anymore donde se nos presentan canciones aun celéricas, de un pop sucio de aires esteroideos, donde se intuirá ya esa síntesis perfecta entre la cochambre violenta de las baterías gritonas y las guitarras melódicas que conceden al conjunto una peculiar combinación que, sin llegar a ser jamás empalagosa, sí crea esa extraña tierra de nadie que sería la dulcificada ira de Hüsker Dü.

Su comedido violentismo estalla en el perfeccionamiento de la cuchillada amorosa en Diane, auténtico germen futuro de un grunge que aun tardaría más de media década en nacer, donde la combinación entre momentos melódicos de calma chicha se alternan con una brutalidad llorosa, melancólica incluso, que suponen los desgarradores gritos de Grant Hart cantando la muerte brutal de la joven Diane Edwards, acontecida poco meses atrás. Su aire oscuro, inquietante hasta la congoja, sumado a una moderación tormentosa que nunca llega hasta una tendencia que pudiéramos considerar gótica, construye la canción como un inquietante himno pop que podría definir a los propios Hüsker Dü, te acuerdas en noruego. Porque nosotros recordamos el crimen de Diane Edwards, una de decenas en las listas a estas alturas, por la conmoción que producen el que sería el himno generacional que daría el pistoletazo de salida sino al sonido si al menos a la sensibilidad propia del grunge: la terrible necesidad de exorcizar continuamente los demonios que nos devoran cada día. Por eso Metal Circus es la obra cumbre de Hüsker Dü, porque toda su sensibilidad anterior y posterior está aquí contenida en la media hora más tenebrosa jamás concebida en la escena hardcore de los EEUU.

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