Cult of Cadavers – Feeding Off The Corpse Of A Dead World (2010)

por Álvaro Mortem

Las apariencias y las influencias dentro del contexto de la música, y por lo tanto del arte en general, es una manera bastante difusa de hacerse una idea de qué podemos esperar de un determinado grupo cuando nos acercamos por primera vez a él sólo armados en el conocimiento de quienes o el qué dicen beber como influencia. En el caso de Cult of Cadavers, grupo que explicita sus querencias ya desde el nominalismo mismo que asumen como propio, nos encontraríamos las querencias comunes a cualquier buen aficionados al grindcore, el cine de terror y el gore de corte más pasado de vueltas. Con este cóctel, no digamos ya si nos da por echar un vistazo a la portada, parece obvio que nos encontramos ante un ejercicio de brutal goregrind sin concesiones que nos volará la cabeza de una forma salvaje. Nada más lejos de la realidad, pues nada hay aquí que no pueda ser circunscrito en la más metódica de las herencias del EBM.

Sólo en la combinación de esos aires grind, tendentes a la evisceración y la masacre sin pausa más basada en la búsqueda de la crapulencia más absoluta que de una auténtica novedad dentro de su canon, con la electrónica oscura que formulan se puede entender por qué este es uno de los discos que merece la pena escuchar con una atención profundamente metódica. Su estilo acelerado, con unas melodías laceradas y con claras reminiscencias de los clásicos más absolutos del cine de terror —con un particular énfasis en la replicación de los códigos habituales de John Carpenter—, compone un conjunto extraño pero seductor en el cual sumergirse en una pista de baile bajo el pretexto de machacar toda clase de vísceras aun calientes. ¿Pero es sólo una concatenación de sonidos replicados en un nuevo contexto —si es que decir sólo en este caso en particular no fuera una imbecilidad por el carácter innovador que supone ese progreso en sí mismo—? Sí y no, porque aunque incluso en los cambios más bruscos y llamativos podemos encontrar un referente claro —el caso más espectacular en Apostles Eat Their Young donde beben directamente de las fuentes de Depeche Mode— siempre consiguen un todo que es más que la suma de sus referentes, es Cult of Cadavers como personalidad en sí misma.

¿Cómo definir entonces a Cult of Cadavers? La forma más sencilla sería afirmando que son una suerte de plagiarios del EBM y el synth pop de corte más clásico que, basándose en una re-contextualización de la temática del género, han construido el sentido último de su discurso propio. Pero, ¿no sería esto aludir a una ausencia de personalidad que no existe? El gran logro de Cult of Cadavers es, entonces, un grupo de grindcoretas pasados de vueltas que han decidido dar un puñetazo sobre el aburrido mapa actual de los géneros electrónicos oscuros para imponer la realidad de un cambio posible dentro del contexto lógico del genero. El problema es que ambas interpretaciones son tan ciertas como aquel que las sentencia quiera creerlas así, y, por lo tanto, cualquier definición de Cult of Cadavers pasará por el tamiz de la paradoja: su sentido último están en su aparente contradicción, en su capacidad de hacer combinaciones fortuitas que se daban por imposibles cuando en realidad no era más que un proceso que aun nadie se había atrevido a iniciar. Quizás Feeding Off The Corpse Of A Dead World no sea el ejercicio revolucionario del EBM que podría haber sido, pero como mínimo es un soplo de aire fresco en un género viciado.

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