Meishi Smile – Lust (2012)

por Álvaro Mortem

Si hay algo consustancial es la imposibilidad de definirnos de un modo positivo a través de aquello que construimos nuevo, ya que parece que sólo podemos construir nuevas formas del discurso a través de la negatividad, de la superación: vivimos en una época del post-todo. Nuestro paradigma es el post-moderno, basamos nuestro sistema crítico en las teorías post-estructuralistas, vemos como el post-punk pega fuerte entre los grupos nóveles y los más modernos del lugar ya declaman la muerte del post-rock cuando hace no tanto tiempo lo declamaban como suyo; todo es post-, hasta el punto de que la superación de la superación —que en ningún momento supone ninguna novedad, pues es una superación por y para sí misma— parece un acontecimiento en sí mismo. En un paradigma en el que un grupo es capaz de definirse, o un crítico es capaz de definirlos, por ser post-Interpol que a su vez ya eran post-Joy Division en su época, los cuales se articulan como germen del post-punk, nos queda claro que el post- ha perdido toda significación plena que pudo haber tenido en un tiempo pasado.

Es por ello que la tentación de llamar post-pop a Meishi Smile es tan fuerte y coherente como el recelo de no hacerlo para así no caer, precisamente, en la anulación de todo sentido que supone el poner por delante ese malditismo de superación contrariadora; no hay en Meishi Smile una especie de ir contra el pop, un asumir un destruir los cimientos críticos del género, sino que todo lo que contiene en su opera prima es un buscar el modo de llevar más allá un género esclerotizado en formas repetitivas carentes ya de todo valor. El estilo de marcado acento melancólico, de tránsito de la tristeza hacia una nueva felicidad que está por despertar, hace de Lust un trabajo que concentra todos sus esfuerzos en evocar una sentimentalidad muy precisa, una visión que va más allá del paradigma propio de nuestro tiempo. Con una clara influencia del j-pop y las formas más refinadas del techno pop japonés, con un especial énfasis en grupos como Daishi Dance, encontramos una evolución a partir de estas formas al acercarse en una suerte de chillwave-pop que no niega su cercanía hacia la melancolía abstrusa, en forma y fondo, de otros grupos de su generación como DyE o Slow Magic; no hay nada en Meishi Smile que no nos remita de forma constante hacia una vibrante futurabilidad de cuanto contiene en su discurso, imaginando unos sentimientos y una música infinitamente más vibrantes y coloridos que las desteñidas sensaciones pop de nuestro tiempo.

Ahora bien, la diferencia con otros grupos de chillwave de su quinta es que éste adelanta por la derecha (y sin luces) el atrevido pero aun acomodado ritmo de sus coetáneos: la mezcla con j-pop, las foras vibrantes y aparentemente felices, además de un marcado gusto por ciertos dejes más cercanos al electro o al techno —aunque todo ello siempre llevado hasta su propio terreno— hacen de Lust un trabajo paradigmático en sí mismo. Cualquier comparación se queda corta, pues la superación en la cual se prodiga va más allá de el contrariar las formas anteriores del estilo del cual proceden; hay inclusión de las formas anteriores, mezcla y mutación a partir de diferentes géneros, no una conformación en negativo (fotográfico) de un género anterior.

¿Cómo hablar de un grupo del que no se puede hablar? La descripción es imposible, o al menos no posible más allá de un Meishi Smile es como si Yasutaka Nakata se comiera dos docenas de tripis de Com Truise mientras está perdido en una película de Ghibli, lo cual es bastante poco práctico cuando pretendemos hacer una crítica. Pero es precisamente esa singularidad imposible, esa aprensión deformista de todo cuanto está cerca de él, el principal punto a través del cual nos vemos en la necesidad imperiosa de reconocer que tienen un je ne sais quoi inconsistente e imposible que sólo se reconoce en los grupos que intentan ir más allá lejos de post-cosas. ¿Quiere decir que esto es el Isn’t Anything de un cierto nuevo modo de hacer chillwave? Eso no podemos saberlo, pues esa respuesta sólo el tiempo la tendrá, pero lo que sí es seguro es que Meishi Smile es uno de esos grupos que demuestra porque es interesante seguir explorando los límites del sentido, tanto del discográfico —pues ha publicado su trabajo en una pequeña netlabel, Zoom Lens— como del artístico en tanto cosmogonía que crea a cada segundo su propio sentido.

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