Archive for noviembre, 2012

noviembre 29, 2012

Siebenbürgen – Loreia (1997)

por Xabier Cortés

El mito de vampiro ha servido de hilo conductor para un sinfín de demostraciones artísticas a lo largo de las últimas décadas. Claro que pocas de estas representaciones nos presentan a un vampiro cercano del depredador que nos describe el folclore europeo; esa máquina de matar sedienta de sangre humana que hace uso de su inmortalidad y una inmensa colección de de poderes demoniacos más para someter a pequeñas aldeas y sembrar el pánico entre sus habitantes. Muchos otros proyectos han querido actualizar este mito despojándolo de todo ese halo místico y romanticismo nocturno para convertirlo en una estrella del rock más -como sucedió con el magnético Lestat en el más que prescindible tercer libro de las crónicas escritas por Anne Rice-. Un vampiro con ansias e inquietudes más propias de un adolescente cogido al azar de un high school norteamericano que de un ser de las tinieblas. Por lo tanto, cuando una proyecto musical como Siebenbürgen se autodenomina vampiric black metal, saltan todas las alarmas: otro grupo que explota el mito del vampiro hollywoodiense. Pero no, Loreia quiere recuperar ese olvidado aura medieval del vampiro. Y lo consigue.

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noviembre 28, 2012

John Zorn – Naked City (1990)

por Álvaro Mortem

El jazz tiene una capacidad polimórfica capaz de llevarle por todos los extremos inimaginables de la paleta de colores del sonido, pudiendo así plasmar a través de él cualquier idea estética que se nos pase por la cabeza querer figurar a través de la música. Así, para testear los límites posibles del rock, el jazzista y compositor John Zorn llamaría a unos cuantos amigos, algunos de los más salvajes y siniestros que haya dado la escena rock nunca, para así poder comprobar hasta que punto el jazz podría reclamar a través de sí diferentes representaciones que, generalmente, asociamos indisolublemente con un estilo marcadamente rock; el propósito de Naked City es buscar los límites de la representación rockera, descubrir que es, pero también que no es, representable a través de los endurecidos vericuetos del rock.

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noviembre 27, 2012

Throbbing Gristle – 20 Jazz Funk Greats (1979)

por Xabier Cortés

Se nos recuerda por activa y por pasiva la importancia del acto de la comunicación. La envergadura que toman conceptos tan importantes como son la claridad del mensaje, la no-interferencia en el canal a utilizar para trasmitirlo y, entre más factores, que tanto el emisor como el receptor compartan el código en el que se codifica el mensaje para que ninguna parte del mismo se pierda o se malinterprete. ¿Qué sucede cuando el emisor decide deliberadamente torpedear el mensaje, echar mano de un código suyo propio y desconocido e ignorar al receptor? Sorprendentemente, el mensaje que sigue llegando al receptor, pero en lugar de ser una cristalina y limpia colección de símbolos éste se convierte un un tsunami incontrolado de emociones escupidos a la cara, haciendo añicos tu alma, tu cuerpo, tu mente y los pilares de le civilización occidental. Esto es lo que Throbbing Gristle hacen con nosotros, ni más ni menos.

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noviembre 26, 2012

Astrud & Col·lectiu Brossa – Lo nuevo (2010)

por Álvaro Mortem

Hay grupos que no necesitan presentación alguna y, sin ningún lugar a dudas al respecto, Astrud se situaría entre ellos. Como mascarón de proa del indie pop de corte más intelectivo, que no necesariamente intelectual —y por extensión, extraño—, sus trabajos se tornan de forma constante como una de las formas más interesantes que uno puede encontrar en este sacro país comido por el cáncer radical que supone su género en sí; donde los demás grupos grupos hacen soporíferos cantos al amor lánguido, que sólo es amor en tanto lo es por el inmovilismo, Astrud apuestan por la inteligencia de la chanza irónica. Además vienen acompañados en esta ocasión de de Col·lectiu Brossa, los cuales desarrollan a su vez un trasunto de instrumentación clásica, arropándose así en un contraste entre los sintetizadores p0p y los instrumentos populares. Y de eso, y de nada más, trata Lo nuevo, una serie de re-interpretaciones de antiguos temas de Astrud.

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noviembre 22, 2012

Akercocke – Words That Go Unspoken, Deeds That Go Undone (2005)

por Xabier Cortés

El metal extremo, y el death metal en particular, peca con demasiada frecuencia de sufrir alguna suerte de síndrome inmovilista que le impide seguir evolucionando. Este mal endémico se materializa en la aparición de infinidad de clones que se limitan a repetir fórmulas de éxito -todo el éxito que puede soportar una música a priori relegada al underground– sin aportar no ya elementos innovadores, sino algún leve atisbo de creatividad que aporte algo diferente a la escena convirtiendo a ésta en un desfile de clichés aburridos y repetidos hasta la extenuación. Afortunadamente, de cuando en cuando, aparecen en escena proyectos en cuya esencia se esconde el afán innovador y una gran capacidad para hacer oídos sordos de aquellos defensores de este inmovilismo venenoso -y que no dudarán en alentar a las masas para comenzar una caza de brujas contra aquellos que, siempre según sus férreos principios, «atentan contra la esencia de la escena»-. Los londinenses Akercocke se encuentran en este selecto grupo de proyectos creativos, sin miedo y de ideas claras.

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noviembre 21, 2012

Hiromi’s Sonicbloom – Beyond Standard (2008)

por Álvaro Mortem

Si existe un género que es absolutamente opaco hacia el neófito, incluso para aquel que lo sea sólo en las lindes de ese género en particular, ese es, sin ningún lugar a dudas, el jazz. Su extrema complejidad, su rancio abolengo y la imperturbable necesidad de marcar territorio de sus fanáticos más abyectos, aquellos que necesitan remarcar de forma constante como sólo el más desconocido de los músicos a los cuales se vio en una jam session que siempre fue la mejor de las posibles es digno de ser denominado como tal, producen que cualquiera que pretenda sumergirse en sus procelosas aguas se encuentre con más obstáculos de los que cualquier persona razonable está dispuesto a tratar; el jazz es demasiado hermético y extraño para ser penetrado sin un esfuerzo tan considerable como excesivo. Pero, aun con todo, lograr entrar tiene sus recompensas.

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noviembre 20, 2012

White Hills – Frying On This Rock (2012)

por Xabier Cortés

Te despiertas contrariado y ansioso por sentir el oxígeno otra vez dentro de tu organismo, la cámara de suspensión temporal para los viajes a través del hiperespacio resulta de todo menos acogedora. Clavas las uñas en la mampara esperando a que te liberen de tu prisión amniótico-artificial -esa que te sumerge en un letargo profundo de modo que las células de tu cuerpo no se vean afectadas por el paso del tiempo- pero nadie acude en tu ayuda. ¿Qué hacer? Tus constantes vitales empiezan a recuperar el pulso de la vida, suspendida durante un tiempo indeterminado. ¿Hemos llegado ya? Consigues recuperar el aliento y a duras penas aciertas a adivinar un sonido pesado y constante que emana de no sabes dónde. Esa casi imperceptible vibración va adquiriendo forma, se hace más contundente y se pueden llegar a identificar nuevos y sorprendentes matices. No consigues identificar esos hechizos en forma de sonido, no son los tradicionales beeps de los controles de la nave ni tampoco se trata de la inteligencia artificial que se encarga de mantener intactos los sistemas vitales de la nave. No sabes lo que es pero te embriaga y te posee. Bienvenido a White Hills.

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noviembre 19, 2012

Still Life – From Angry Heads With Skyward Eyes (1993)

por Álvaro Mortem

Si existe una convención absolutamente insidiosa que se desmiente cuando se tiene un cierto conocimiento del ámbito musical es que para expresar ciertos niveles de rabia, para expresar una cantidad razonable de bilis, necesariamente se ha de desarrollar un discurso estético marcadamente violento. Aunque de hecho desarrollar un ritmo fuerte, unas guitarras afiladas y una batería huracanada pueden ser útiles a la hora de desarrollar ese sonido violento que tanto nos gusta, no deja de ser cierto que se pueden conseguir resultados igual o más fuertes con una cierta contracción metódica de los impulsos; no hace falta que la música sea violenta para que suene violenta, a veces sólo es necesario saber ejecutarla de una manera tan punteadamente exacta que consigue hacer clic en algún lugar ignoto de nuestro reptilideo cerebelo. No todos los grupos necesitan, ni quieren, ser Marduk para dar a entender una furia encendida estallando de forma constante en nuestros altavoces.

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noviembre 15, 2012

Peste Noire – Ballade cuntre lo Anemi francor (2009)

por Xabier Cortés

El black metal -o lo que quiera que quede del black metal en este siglo XXI- se ha convertido en una máquina torpe y moribunda que recuerda con nostalgia sus años mozos, aquellos en los que gozaba de total libertad para destrozar todo a su paso. No nos dejemos engañar, el black metal tiene que oler a vómito y saber a cobre viejo, tiene que supurar maldad y provocación por todos y cada uno de sus poros y la podredumbre debe asomar por los listones de madera podrida que lo contiene a modo de impía caja de Pandora. En definitiva, el black metal tiene que ser peligroso e insalubre. ¿En dónde podemos situar entonces a Peste Noire? Peste Noire clava su estaca de madera rancia precisamente ahí, en un camino sucio, polvoriento, lúgubre y desconocido. Y, por supuesto, esta tierra sobre la que se acomoda La sole Famine de Valfunde -el personaje tras este proyecto francés- sangra.

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noviembre 13, 2012

Paradise Lost – Tragic Idol (2012)

por Xabier Cortés

No nos resulta extraño observar, desde la valentía que nos otorga la mirada externa e ignorante de los entresijos y vicisitudes internas, la evolución que diferentes proyectos musicales consagrados experimentan a lo largo de sus respectivas trayectorias. Convertirnos en jueces implacables con el sui generis poder de destrozar impunemente o encumbrar a los grupos según se vaya acomodando su sonido a lo que nosotros, pretenciosamente, entendemos que tiene que ser. Esto nos otorga un poder que no merecemos, amén de ser un elemento que no hace más que cegarnos en la siempre compleja tarea de desentrañar los misterios que se esconden tras un disco. Los pioneros, junto con Anathema y My Dying Bride, del doom death metal Paradise Lost tampoco se han podido librar de sufrir esta suerte de consejo de guerra metalero mientras ellos sacrificaban sus energías en pos de hallar ese sonido que empezaron a construir a principios de los lejanos noventa con su Lost Paradise.

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