Peste Noire – Ballade cuntre lo Anemi francor (2009)

por Xabier Cortés

El black metal -o lo que quiera que quede del black metal en este siglo XXI- se ha convertido en una máquina torpe y moribunda que recuerda con nostalgia sus años mozos, aquellos en los que gozaba de total libertad para destrozar todo a su paso. No nos dejemos engañar, el black metal tiene que oler a vómito y saber a cobre viejo, tiene que supurar maldad y provocación por todos y cada uno de sus poros y la podredumbre debe asomar por los listones de madera podrida que lo contiene a modo de impía caja de Pandora. En definitiva, el black metal tiene que ser peligroso e insalubre. ¿En dónde podemos situar entonces a Peste Noire? Peste Noire clava su estaca de madera rancia precisamente ahí, en un camino sucio, polvoriento, lúgubre y desconocido. Y, por supuesto, esta tierra sobre la que se acomoda La sole Famine de Valfunde -el personaje tras este proyecto francés- sangra.

Podemos llegar a atrevernos y considerar este álbum como un más que correcto exponente de black metal ya que los principales elementos que se dan cita aquí se engloban en un black sucio y deliciosamente rancio. Pero no se queda solamente ahí. No, Famine incorpora ciertos ingredientes del black ‘n roll  -pero sin llegar al frenesí Mötorheadiano de los últimos Satyricon– e incluso se ve inmerso en una espiral polvorienta y añeja de blues maldito junto con un exquisito gusto por la música barroca y medieval de su amado país. El sonido crudo y lo-fi reverbera en este álbum y adquiere una nueva dimensión de suciedad y infraproducción, totalmente intencionada por otra parte, queriendo recuperar esa esencia maligna y venenosa de los primeros pasos del black metal. Un acierto sin duda y toda una declaración de intenciones en contra de esas obras sobreproducidas en estudio que se acaban convirtiendo en una amalgama cacofónica cristalina. Líricamente, Famine continua vomitándonos encima una peligrosa combinación de poemas de François Villon y Paul Verlaine entremezclados con desquiciadas marchas militares francesas. Esta entusiasta devoción por su país, este nacionalismo frenético, ha sido el que ha llevado a muchos a tildarlos de NSBM, si bien es cierto que el propio Famine ha ayudado a extender estos rumores titulando a una de sus primeras demos con el -desafortunado o no, eso lo dejo en vuestras manos- título Aryan Supremacy. ¿Es Peste Noire una banda a la que podamos considerar NSBM? En absoluto. ¿Es posible que Famine ideológicamente se mueva por esas turbulentas aguas? ¿acaso importa? El arte no tiene, o por lo menos no debería, entender de política porque corremos el riesgo de perdernos en mensajes erróneos y no llegar a comprenderlo.

Peste Noire provoca, sacude, distorsiona y saca a relucir los instintos más primarios del ser humano en una colección de canciones -interrumpidas por magníficos interludios pausados pero portadores de una locura y una perversión absolutas- que han conseguido hacer temblar, por lo menos un poco, los cimientos de los cada vez más anquilosados cimientos del black metal más crudo y directo. Vive la France!

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