Akercocke – Words That Go Unspoken, Deeds That Go Undone (2005)

por Xabier Cortés

El metal extremo, y el death metal en particular, peca con demasiada frecuencia de sufrir alguna suerte de síndrome inmovilista que le impide seguir evolucionando. Este mal endémico se materializa en la aparición de infinidad de clones que se limitan a repetir fórmulas de éxito -todo el éxito que puede soportar una música a priori relegada al underground– sin aportar no ya elementos innovadores, sino algún leve atisbo de creatividad que aporte algo diferente a la escena convirtiendo a ésta en un desfile de clichés aburridos y repetidos hasta la extenuación. Afortunadamente, de cuando en cuando, aparecen en escena proyectos en cuya esencia se esconde el afán innovador y una gran capacidad para hacer oídos sordos de aquellos defensores de este inmovilismo venenoso -y que no dudarán en alentar a las masas para comenzar una caza de brujas contra aquellos que, siempre según sus férreos principios, «atentan contra la esencia de la escena»-. Los londinenses Akercocke se encuentran en este selecto grupo de proyectos creativos, sin miedo y de ideas claras.

Si se nos ocurriera enumerar los diferentes elementos que conforman este Words That Go Unspoken, Deeds That Go Undone, rápidamente llegaríamos a la conclusión de que Akercocke ha sabido condensar en los algo más de cuarenta y cinco minutos que componen este álbum el espíritu del malogrado fundador de Death, Chuck Schuldiner, con ese death técnico, progresivo y provocador del que el maestro americano fue máximo inspirador y defensor. Los cambios de ritmo presentes aquí son verdaderas cargas de profundidad en nuestra mente; te cogen desprevenido, juegan contigo y después te arrojan con violencia al más profundo de los infiernos. Sin piedad. Pero no se queda aquí este álbum, el inquietante juego vocal llevado a cabo por Jason Mendonça, combinando a la perfección la ultra-gutural voz típica del death metal más extremo y sucio con una voz limpia heredera del mejor Mikael Åkerfeldt e incluso de los otros adalides del death progresivo, Cynic. Resulta inquietante, adictivo y evocador adentrarse en el viaje de perversión y satanismo al que nos invitan estos londinenses en un disco con una atmósfera maligna y oscura à la black metal que no decae en ningún momento, ni siquiera en la sorprendente canción que cierra el álbum, Lex Talionis, en la que aún sin hacer uso de la contundencia death metal que ha sido protagonista de los anteriores minutos se mantiene, cuando no se ve incrementada, esa atmósfera opresiva y malsana que Akercocke ha sabido construir.

No resulta complicado dejarse hechizar por la propuesta de este cuarteto británico, un soplo de aire fresco en una escena que en demasiadas ocasiones está viciada por esa falta de creatividad e innovación que resultan imprescindibles para que ésta se vaya desarrollando y no acabe siendo un inerte recuerdo en la memoria colectiva de unos pocos. Akercocke ha hecho suya esa capacidad de innovación, esa creatividad que les permite obtener resultados tan magníficos como este Words That Go Unspoken, Deeds That Go Undone. ¿Estás dispuesto a dejarte arrastrar a los enfermizos y lúgubres infiernos que Akercocke ha sabido desarrollar aquí? ¿Quieres descubrir lo que debería ser el death metal en el siglo XXI? Yo desde luego no tengo ningún tipo de duda. Sí, quiero.

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