Astrud & Col·lectiu Brossa – Lo nuevo (2010)

por Álvaro Mortem

Hay grupos que no necesitan presentación alguna y, sin ningún lugar a dudas al respecto, Astrud se situaría entre ellos. Como mascarón de proa del indie pop de corte más intelectivo, que no necesariamente intelectual —y por extensión, extraño—, sus trabajos se tornan de forma constante como una de las formas más interesantes que uno puede encontrar en este sacro país comido por el cáncer radical que supone su género en sí; donde los demás grupos grupos hacen soporíferos cantos al amor lánguido, que sólo es amor en tanto lo es por el inmovilismo, Astrud apuestan por la inteligencia de la chanza irónica. Además vienen acompañados en esta ocasión de de Col·lectiu Brossa, los cuales desarrollan a su vez un trasunto de instrumentación clásica, arropándose así en un contraste entre los sintetizadores p0p y los instrumentos populares. Y de eso, y de nada más, trata Lo nuevo, una serie de re-interpretaciones de antiguos temas de Astrud.

El problema del disco, si es que siquiera deberíamos poder considerarlo como tal, es que el mayor logro del disco se encuentra en el tema hecho ex professo para el disco: Lo nuevo; es en esta fusión entre lo viejo y lo nuevo / lo culto y lo popular donde todo va encajando sin esfuerzo, como la absoluta perfección que sucede con las piezas cayendo en su lugar antes de que podamos pensar que deberían ir ahí en una ejecución perfecta de un maestro del Tetris. El problema es que, como en el Tetris, esto se va complicando según pasan las fases en tanto no consiguen encajar este estilo todo lo bien que deberían en otros temas, aunque jamás lleguen a saturar el complejo cuadro que intentan componer o, lo que es lo mismo, nunca sobra la instrumentación si se llega a sentir muy forzada en su disposición o, incluso, pesada en su ejecución. Temas como Noam Chomsky o, particularmente, Paliza alcanzan con esta nueva instrumentación un nuevo sentido al fusionar el significado propio de las canciones con un grado añadido de simbolismo sonoro, haciendo que el contenido se vea impelido de una forma radical por la forma; lo que añade de propio Col·lectiu Brossa, aun cuando en ocasiones forzado, cuando acierta se dispone como un desvelamiento del auténtico potencial anterior de las canciones. Y he ahí lo que aporta este disco a los trabajos anteriores de Astrud, pues matiza y rellena huecos oscuros que, por suerte o desgracia, algunos antes ni siquiera estaban ahí.

El disco en términos globales deja un regusto agridulce, ya que se siente demasiado largo por su instrumentación pesada y no tan original en computo global como para justificar su realización. Ahora bien, apunta ciertos interesantes usos y vicios del grupo que explotar en un futuro, siendo ahí su auténtico punto de interés: la posibilidad futura de un auténtico asalto brillante a una forma virtuosa, al toque de queda definitivo de lo que podría ser. Aunque lo nuevo es un disco de transición, sin ningún desarrollo radicalmente nuevo que justifique el cambio, puede ser un muy agradable vistazo hacia el futuro inmediato de una banda que, incluso cuando renquea, sigue siendo apasionante.

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