Siebenbürgen – Loreia (1997)

por Xabier Cortés

El mito de vampiro ha servido de hilo conductor para un sinfín de demostraciones artísticas a lo largo de las últimas décadas. Claro que pocas de estas representaciones nos presentan a un vampiro cercano del depredador que nos describe el folclore europeo; esa máquina de matar sedienta de sangre humana que hace uso de su inmortalidad y una inmensa colección de de poderes demoniacos más para someter a pequeñas aldeas y sembrar el pánico entre sus habitantes. Muchos otros proyectos han querido actualizar este mito despojándolo de todo ese halo místico y romanticismo nocturno para convertirlo en una estrella del rock más -como sucedió con el magnético Lestat en el más que prescindible tercer libro de las crónicas escritas por Anne Rice-. Un vampiro con ansias e inquietudes más propias de un adolescente cogido al azar de un high school norteamericano que de un ser de las tinieblas. Por lo tanto, cuando una proyecto musical como Siebenbürgen se autodenomina vampiric black metal, saltan todas las alarmas: otro grupo que explota el mito del vampiro hollywoodiense. Pero no, Loreia quiere recuperar ese olvidado aura medieval del vampiro. Y lo consigue.

Este proyecto sueco se sostenía sobre una sólida base black metal, siempre en su vertiente más pausada y melódica claro, pero con una serie de elementos -violines de marcado carácter folkie y una espectacular voz femenina en perfecta simbiosis con la rasgada y agónica voz de Ehlin– que le aportaban ese punch con el que se diferenciaban del resto de grupos de la escena. La sombra del vampiro acecha en cada rincón de los algo más de cincuenta minutos que completan esta obra, el espíritu medieval que aportan los violines -como en la canción que abre el disco, la deliciosa Vampiria– nos transporta a aquellos oscuros años en las que la desesperanza campaba a sus anchas y se recurría a las narraciones sobre estas míticas criaturas infernales para personificar los impulsos más salvajes y profundos de los humanos amén de servir de frágil explicación para las indiscriminadas epidemias que se extendían por la Europa de aquellos años. Aquí es donde se sitúa el Loreia de Siebenbürgen, lejos, muy lejos, de esa imagen, desvirtuada y a todas luces bochornosa, de vampiros conduciendo deportivos, sintiendo compasión por el ser humano, demostrando piedad por sus inminentes víctimas o convertidos en superhéroes cuyo objetivo es proteger al ser humano -chocando frontalmente con el espíritu original del mito-. El Loreia de Siebenbürgen no, claro que hay que reconocer, con infinito pesar eso sí, que en sus siguientes lanzamientos se dejaron embriagar por ese sonido refinado en estudio, sin alma y con un artificial carácter gótico -con todos los clichés del género incluidos, por supuesto- género más propio de los ingleses Cradle Of Filth que de estos suecos. Una pena.

Loreia es un excelente homenaje a ese arcano vampiro que acecha tras los muros de una cripta abandonada. Loreia es la Sombra que se extiende y que hace suyos tus miedos más profundos. Loreia es la dulce, fría y seductora caricia de la muerte y de la inmortalidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: