Dean Blunt & Inga Copeland – Black is Beautiful (2012)

por Álvaro Mortem

Dean Blunt & Inga Copeland - Black is BeautifulLa nueva pasión desatada por parte de los músicos de electrónica de volver hacia el anonimato más naïf —aquel que no se basa en mantenerse anónimo y absolutamente alejado de cualquier referencia hacia sí mismos, sino que de hecho se sumerge en exhibirse públicamente pero de forma inconstante y/o incosistente— si bien no está consiguiendo los réditos musicales que conseguirían los faceless techno bollocks, al menos sí está devolviendo algunos réditos pendientes que tenía la electrónica consigo misma. Una cierta vuelta a los clásicos, a la experimentación y las raíces negras de la electrónica sostienen este discurso de alejamiento aparente del Yo en favor de plegarse ante las necesidades particulares de la música; el anonimato de hoy no es rupturista, sino conservador: no hay revolución, cambio, devenir, más allá de una vuelta hacia ciertos estallidos clásicos rejuvenecidos.

Lo espurio del anonimato se hace evidente en Dean Blunt & Inga Copeland por lo obvio, por sus firmas ahí presentes, pero sin embargo se traslada la confusión de ese pseudo-anonimato a todos los aspectos de su música. Si una portada que no coincide con el título del disco no es lo suficientemente oculto, una música que salta perfectamente desde el dub hasta los aires japoneizantes de cierta forma de house pasada por la batidora lo-fi y de ahí hacia pequeños experimentos à la Aphex Twin ya sí merece el epíteto de anónimo. Nada hay en Dean Blunt e Inga Copeland que no sea excesivo, extraño, esperpéntico en su combinación, pero que sin embargo suene tremendamente clásico: dub, acid, lo-fi; todo cuanto encontramos es una reformulación clásica de los géneros, un traer al presente estilos que con el tiempo no han hecho si no mantenerse en un cómodo estatismo perpetuo. Es por ello que ese anonimato no sirve para hacer evolucionar los géneros, como sería el caso de Burial, sino que auspicia ese modelar hacia el pasado que es rescatar músicas que hoy ya parecían obsoletos pero, en tanto clásicas, eso jamás podría haberles pasado.

¿Significa esto que no merece la pena escuchar el suntuoso Black is Beautiful? En absoluto: su agilidad, su contemporaneidad rabiosa, su espíritu catártico y su rescate archivístico funcionan como un reloj bien afinado que da la hora siempre diez minutos tarde, porque sólo así entraremos tarde a la fiesta que ya estará abonado con el fértil principio de la decadencia: Blunt y Copeland firman un disco que se desarrolla en los principios de una fiesta tardía, de una after donde el mejor de sus asistentes está ya saturados de psicodélicos y todo lo que suena en ella lo escuchamos a través de sus oídos. La fiesta se acabó oficialmente, pero continúa en los subterráneos de una juventud que ni puede ni quiere abandonar la fiesta, y ese es el sentido último de éste Black is Beautiful, de sus equívocos, de sus rarezas. Se desarrolla con fluidez, atravesando esos géneros de los 90’s que prometieron tanto pero desarrollaron tan poco, apropiándoselos en un batido extraño, indigesto, pero extrañamente efectivo. Quizás los 00’s no fueron lo que nos prometieron los 90’s, pero aun podemos seguir viviendo las ruinas de su década.

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