Sabled Sun – 2145 (2012)

por Xabier Cortés

Sabled SunTus pasos son lentos y pesados en la superficie devastada de lo que queda de la Tierra. Caminas torpe y agotado de vuelta al refugio subterráneo. Te parece imposible imaginar que este terreno ahora árido y desolado que te rodea fuera hace sólo unos años una vasta superficie verde llena de vida y vegetación; no importa que hayas dilapidado horas y horas de tu tiempo profundizando en los pocos archivos visuales y escritos que quedan de aquella época pretérita. Por un momento cierras los ojos y crees poder ver toda aquella vida rodeándote, sustituyendo a las estructuras de acero retorcidas y oxidadas y al estéril suelo que pisan tus pesadas botas. Un pitido agudo y mecánico te devuelve a la dura realidad, tu respiración se vuelve torpe y confusa, las pulsaciones se aceleran. Te queda un minuto de oxígeno. Aceleras a duras penas tus incompetentes pasos para llegar a la escotilla, esa puerta al paraíso subterráneo oxidado que se ha convertido en la única esperanza para la supervivencia de la Humanidad. Tropiezas, caes al suelo, toses derrotado pero te incorporas y sigues tu camino; ya quedan solamente unos pocos metros, ya casi estás ahí, las interferencias de tu precaria radio desaparecen para convertirse en una voz familiar y cálida. Ya estás dentro. Bienvenido al post-apocalipsis de Sabled Sun.

Sabled Sun pone música a la desolación cataclísmica; juega con esa absoluta destrucción, abraza la soledad de saberse uno de los pocos supervivientes al apocalipsis, la desesperación y la ansiedad propias de una situación límite sin precedentes, la pérdida de todo aquello que significaba algo; Simon Heath -el genio sueco detrás de Atrium Carceri y su recién estrenado sello discográfico Cryo Chamber– recoge todos estos elementos y construye un conjunto de canciones que se agarran con firmeza a los cánones estrictos del dark ambient más claustrofóbico pero con un marcado carácter narrativo en todas ellas. Y ésta es, precisamente, una de las características más notables de este nuevo proyecto del sueco; el marcado espíritu cinemático de las canciones, que a modo de storyboards –que podríamos decir que se dividen en los mismos quince capítulos en los que se divide el propio álbum- nos dejan intuir una auténtica historia apocalíptica narrada con brío y dotado de un ritmo firme pero pausado. Nos vemos inevitablemente arrastrados por ese magnetismo morboso que ejerce en el ser humano la idea de su propia extinción, la idea de convertirse en un superviviente y tener que enfrentarse a un desolado nuevo capítulo de la historia de la Humanidad. A estos precedentes narrativos contundentes, se le unen la colección de elementos propios del «estilo» Heath, enriquecidos aquí una serie de nuevos drones y matices mecánicos que no hacen sino sumergirnos más en esta historia repleta de destrucción, hierro retorcido, vida subterránea, oscuridad y abandono.

Un escenario apocalíptico el que nos presenta Simon Heath, que nos devuelve la fe en dark ambient -una vez más, y ya he perdido la cuenta- convirtiéndolo en un estilo vivo y en constante evolución. Un viaje a un escenario futurista de desolación y miseria en el que los valores se han vuelto honorables y en el que la supervivencia es la única razón de ser.

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