Seirom – 1973 (2012)

por Xabier Cortés

Captura de pantalla 2012-12-25 a la(s) 02.18.10Descender a los infiernos para reencontrarse con la belleza olvidada, a priori se destapa como una introspección casi imposible de llevarla a cabo con garantías; la desolación y grima que hallaremos en ese infierno nos desviará de nuestro principal objetivo y nos condenará a una eterna carrera luchando y desviando fuerzas para hacer frente a un enemigo que poco o nada tendrá que ver con nuestro objetivo primario. Sólo en algunas ocasiones, muy pocas en realidad, esta búsqueda, esta introspección, nos mantiene en vilo y evita que perdamos el control sobre la situación para dejarnos seducir por las oscuras artes infernales de nuestra psique. Es aquí, en el momento exacto en el que cuando nos encontramos despojados de todo cuando encontramos, enterrada en el más grumoso y condenado infierno: la belleza. La pureza de la melancolía en su forma más básica y virginal se presenta ante nosotros como el fin último de la belleza. Y todo esto nos evoca Seirom en su disco debut 1973.

En esta suerte de vorágine shoegaze que nos lleva persiguiendo desde hace un par de años, en la que todo álbum que se quiera destacar sobre el resto debe contener leves trazas de este antes olvidado y siempre infravalorado género, nos ha llevado a descubrir interesantes compañeros de cama. Si bien es cierto que todas las señales apuntaban a que podía darse una perfecta comunión entre ese black metal pausado, sin prisas ni adalid de la agresividad extrema y formas de expresión más intimistas y etéreas como es el shoegaze. Seirom se encuentra muy cómodo navegando en esas difíciles aguas. M.C. De Jong -artífice también de ese crudo y personalísimo proyecto Gnaw Their Tongues y cuyo último lanzamiento Per Flagellum Sanguemque, Tenebras Veneramus alcanza unas cotas de perversión obscenas, y para bien- nos desvela una faceta suya más introspectiva, más íntima, etérea y ensoñadora, con un fin que difiere de su Gnaw Their Tongues: rodearnos de una luz celestial cuyo origen se encuentra concentrado en el más profundo risco del infierno. Dark ambient, shoegaze, noise y por supuesto black metal son las armas de las que hace uso De Jong para alcanzar su objetivo con Seirom; por momentos suena íntimo, como un susurro abandonado a su suerte, contundente, abrumador pero siempre con un halo sorprendente que se mueve en una línea de melancólica esperanza, una esperanza real y palpable. Tras escuchar, asimilar -y repetir una y otra vez, os lo aseguro- este 1973, no queda otra que entenderlo como la cara complementaria, como la réplica a Gnaw Their Tongues: frente a la agresividad primitiva de éste último se presenta una sosegada atmósfera del álbum que nos ocupa, pero ambos son piezas importantes en la particular cosmovisión de M.C De Jong.

Rodeado de un marcado sentido de la espiritualidad, 1973 es la búsqueda final de la belleza. Por supuesto, para llegar a tan noble fin, tendremos que enfrentarnos a esa capa mugrienta que se acumula en las paredes de nuestro infierno particular, pero la recompensa merecerá la pena. Un justo premio el que nos regala Seirom con este nuevo proyecto que se sitúa en algún punto indeterminado entre la mística de Yoga, la contundencia y oscuridad de Menace Ruine y las ensoñaciones etéreas de Pyramids. Y esto mismo es lo que le convierte en algo mágico.

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