John 5 – God Told Me To (2012)

por Álvaro Mortem

John 5 - God Told Me To (2012)

¿Cuan extraño es considerar factible que un famoso que viene de los duros interregnos del metal se salga por una (extraordinaria) versión de Beat It de Michael Jackson?¿Y qué entre estallidos de rabia entre los intersticios del industrial y el thrash se desate con delicadas piezas de un virtuosismo excepcional en canciones acústicas acompañado sólo de su guitarra clásica? Es sólo extraño en la medida en que nuestro prejuicio nos impida ver que un gran música siempre lo es por todo aquello que es más allá de lo aparente, que aquel que es virtuoso en un género perfectamente podría saltar hacia otro, aun cuando le resultara disímil; ningún gran artista se ha estancado nunca en un sólo movimiento, en un único modo de representar su rico mundo interior.

John 5 siempre ha sido la rara avis del metal más próximo al mainstream: guitarrista virtuoso de una técnica impecable que se rodeo siempre de los epígonos de la oscuridad más pretendidamente intelectualizante (Marilyn Manson) o el terror más poético y prosaico (Rob Zombie), pero rara vez destacando por sí mismo; si generalmente los guitarras suelen vivir cara a la galería, John 5 siempre ha (a)parecido de culo a ésta. En God Told Me To no decide cambiar esta perspectiva en tanto decide seguir siendo un outsider entre populares, el chico raro que hace lo que quiere cuando le viene en gana sin pensar en la rentabilidad de sus actos; nada hay en éste trabajo que no sea la ruptura radical con lo que esperamos que debe ser, con las expectativas creadas al respecto de lo que debería hacer uno de los guitarristas de metal más brillantes del momento — aquí por brillante no entendemos tanto que tenga una capacidad endiablada para hilar formas imposibles de hacer hablar a su instrumento, lo cual simplemente le haría virtuoso, sino la capacidad de hacer que a través de esa concatenación de virtuosismo se le incluya el brillo propio de la narración: no se trata de que esté bien tocado, se trata de que esté bien tocado y tenga sentido como arte, que sea capaz de evocar en nosotros algo.

Entre sus incombustibles destellos desatados del mejor metal y los irónicos procesos acústicos donde demuestra un gusto exquisito para las composiciones melódicas, éste es la clase de trabajos donde un artista no plasma aquello que sabe esperar su público de él, sino sus particulares obsesiones entregadas con la rigidez y el asco de quien las comparte por pura obligación con aquellos que de verdad aprecia: aquellos que se ven movidos por sus propias pasiones. Esto no le quita para que en ocasiones caiga en el virtuosismo vacío, en el tocar largos procesos guitarrísticos siempre bordeando el más absoluto de los aburrimientos en su transitar la perfección técnica vacía de significado, que sin embargo se le perdona por la magia capaz de dirimir el resto del tiempo. Alguien capaz de hacer una versión más que digna del rey del pop, entremezclado entre canciones que podrían hacer llorar de envidia a los Kreator más desatados y aderezado con composiciones acústicas sólo propias de un gran maestro merece toda la admiración que se le pueda conceder. Y John 5 se merece su trono de oro.

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