Igorrr – Hallelujah (2012)

por Xabier Cortés

IgorrrLa deconstrucción, ese término y práctica tan en boga en estos maltrechos tiempos que corren, podemos entenderla como la destrucción de una serie de elementos que forman un todo consensuado, un concepto. También podemos entenderla de forma que esta misma destrucción venga dada por la irrupción en este complejo proceso de una serie de ingredientes diametralmente opuestos al núcleo del concepto a deshacer. En el caso de Igorrr, esta deconstrucción es un viaje de ida y vuelta: hace tambalear los bien asentados cimientos de la música clásica y barroca con sus interrupciones ruidistas y asimétricas y, a su vez, consigue descolocar el arquetipo breakcore y death metal con la inclusión de elementos clásicos y barrocos en la mecla. ¿Con qué objetivo Igorrr desempeña semejante ejercicio de abstracción y experimentación musical? Muy sencillo, la eterna búsqueda de ese algo más, llamémoslo alma o X, que haga vibrar nuestro interior, que encienda la aletargada neurona y nos haga despedirnos de nuestra zona de confort. Enfrentarse a Igorrr en general y a esta su última opus en particular es prepararse para lo desconocido y para lo no convencional.

Hallelujah debe ser entendido como un caldero en el que un brujo –Gautier Serre, en este caso- va añadiendo una serie de ingredientes a cada cual más extraño y que consigue una suerte de amalgama a priori cacofónica pero que se destapa, una vez ingerida y asimilada por nuestro organismo, como un festín lisérgico. Como todo brebaje, al principio su sabor nos parecerá extraño, insalubre y peligroso, pero poco a poco nos iremos acostumbrando a la particular idiosincrasia de este francés. Acostumbrando a un nivel básico, claro, porque en los casi cuarenta minutos que dura esta plegaria no hay ni un sólo momento en el que podamos reposar nuestra neurona. Relajarse no es una opción,  Igorrr nos lo hace saber con toda su contundencia y saber hacer nada más comenzar, con la genial y aclaratoria Tout petit moineau: lo que en un principio parece una tranquila pieza clásica aderezada con una dulce voz se convierte rápidamente en una inmensa colección de glitches y elementos ajenos que suman un todo apoteósico. Por supuesto, ninguno de los elementos aquí presentes es superfluo, cada uno de ellos cumple su función y está ahí por alguna razón, por muy retorcida y naif que éstas puedan parecer; los desvaríos clásicos y las cómodas zonas barrocas nos predisponen para un tranquilo periplo evocador que rápidamente quedan desmembrados por la agresividad de la colección de clichés -en el mejor sentido del término- puramente death metal y que terminan convirtiéndose en ramalazos intensos y desquiciados de breakcore. Incluso encontramos pequeñas vetas de chaison française en la frenética Absolute Psalm y se atreve con una especie flamenco extraño en Ciçadidae.

Igorr sabe mantener un precario equilibrio entre esas delicadas partes más ortodoxas y académicas añadiéndole la misma cantidad de abrasión sonora sin ningún tipo de límite ni piedad. Nos sumerge en un infierno mientras nos acaricia con un látigo de púas de algodón y seda. ¿Enfermizo? Sí, ¿perturbador? como pocos ¿irremediablemente bello? también. Igorr es todo esto y mucho más y enfrentarse a este Hallelujah es prepararse para la batalla final. Yo ya he elegido bando.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: