Christie Front Drive – Stereo (1997)

por Álvaro Mortem

Christie Front Drive - Stereo (1997)Aunque actualmente la publicidad que tiene debería encuadrarse dentro de lo nefasto, aun cuando no sea tanto culpa suya como de los críos sin cerebro que se han arropado con su nominalidad, el emo hubo un tiempo en el cual fue no sólo un género de música digno, sino vanguardia de cierto estilo moderno dentro de la rejuvenización del hardcore. Antes de los flequillos de colores fantasía, los lloriqueos post-adolescente por parte de tíos que tienen hijos adolescentes y el no saber más que repetir cuatro estereotipos del pop llevados hacia un terreno dudosamente rock, ya estaban Christie Front Drive demostrando al respetable que es posible hacer música contundente pero emotiva al mismo tiempo sin caer ni en paradojas ni en el simple ridículo.

Arropándose de los ritmos de guitarra propios del emo, sin inventar nada más allá de una tendencia subsidiaria por el corte abrupto en la repetición de tales fórmulas, desarrollan un estilo que enfatiza especialmente el aspecto emocional, profundamente sentimental, que si bien todo el género poseería en ellos cobraría una especie de grito de placentera angustia. Sencillo, con una sobriedad arrolladora, se cimienta a través de coros distantes, formas lentas y un cierto virtuosismo impropio oculto a través de melodías simples que se estrellan en conformaciones disonantes entre sí; todo lo que en un futuro serían Thursday, incluso todo aquello por lo cual se les aplaudiría en tanto consiguieron abrir nuevas vías para el hardcore a través del post-rock, estaba ya de una forma evidente en Christie Front Drive. Quizás más calmado, sin la llana agresividad más cercana al mal llamado post-hardcore, pero todo cuanto se han ido arrogando como propio los próceres del presente, los herederos del emo, ya estaba en forma desarrollada en los olvidados, pero no por ello menos geniales, Christie Front Drive.

Con un sonido completamente circular, pero no por ello cerrado en sí mismo, consiguen una consecución de hits imposibles que sólo tienen sentido en tanto tour de force hacia un infinito de posibilidades que aun estarían por desarrollar en tanto cada canción podría ser un pozo secreto de sentimientos por fundar. Quizás por ello ese rememorar desde aquello que han desarrollado, y se ha aplaudido como nuevo, en los grupos posteriores tenga una especial lógica a través de ellos en tanto, precisamente, más que hablar de ellos mismos o de su experiencia parece que hablen, de forma constante y precisa, de aquello que el que escucha ha debido sentir alguna vez en su vida; la melancolía pausada con mil aristas del angst existencial, más allá de la tristeza adolescente común, es el fruto de la investigación intuitiva de Christie Front Drive. Que bailemos es lo único que parecen pedirnos con insistencia para nosotros mismos, aun cuando su música podrían afirmar muchos que es la antítesis de aquello que se puede bailar, pero es porque ésto hay que bailarlo con las manos, con la carne, con los oídos: con la mente.

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