Blank Dogs – Under And Under (2009)

por Álvaro Mortem

Blank Dogs - Under And Under (2009)Que los grupos de post-punk abracen el shoegaze ya no sorprende a nadie, pero sin embargo hubo un tiempo donde ésto acontecía como un acontecimiento excepcional digno de ser avistado con la cautela propia de aquellos que se saben ante una radical rara avis: hace cuatro años. Hoy, cuando ya nada nos parece extraño porque estamos descreídos de haberlo conocido todo —cuando, de hecho, es lo contrario: nada nos sorprende porque nada ocurre—, es importante recordar aquello que por algún motivo es capaz de abrir nuevas vías hacia alguna parte. Quizás el post-punk fusionado con shoegaze ya no sorprenda a nadie, pero quizás debamos volver a sorprendernos en aquello que ahora consideramos común.

Con Blank Dogs la sorpresa llega cuando nos percatamos de la unicidad de su proyecto; el grupo está conformado por el bajista, también aficionado al antiguo arte de la momificación del rostro mediante acumulación fetichista de fulares, Mike Sniper, el cual sólo armado con un sintetizador y un bajo determina en solitario los sonidos de su propia forma íntima de lo que debería ser la música del presente. De gusto exquisito para el lo-fi, además de la connatural tendencia hacia Joy Division de todos los grupos del ramo, deberíamos considerar Under And Under desde una labor deconstructiva sostenida desde su mismo título: pretende devolver la preponderancia de bajos al centro mismo del sentido del rock. Y es que, aunque quien comienza con una canción como No Compass se está jugando todo el proceso en la fuerza de un one hit wonder, la realidad es otra bien diferente: las distorsiones, el no tan omnipresente como deseáramos theremin y las abruptamente melancólicas melodías sobrevuelan todo el conjunto en un apasionante ejercicio que bordea una especie de punk futurible hacia caminos aun inexplorados (por muy natural que creamos que nos resulte su fusión).

Desde Brooklyn un tendero de tienda de música y ex-bajista de punk —lo cual explica sus guiños constantes hacia el género no sólo en su forma explícita, sino también en la explosiva violencia que desarrolla en todo momento— nos sorprende con un disco que va más allá de clasificaciones, que se arroga en la valentía de ser una oscuridad tan densa e impenetrable como la noche misma. Moviéndose siempre en su bosque tejido de sombras, como el zapador que se mueve ligero sólo rozando el viento entre los árboles que ya conoce mejor que su propia casa en tanto son ahora su hogar, teje una red de referencias que se sustrae como un arbóreo desarrollo del arte: no hay virtuosismo o grotescos giros de la significación, sólo un conocimiento profundo de las referencias que maneja.

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